viernes, 13 de marzo de 2009

- ¿Quién teme a la cuchilla de Poster Boy?

A los carteles callejeros les ha salido un enemigo: el cúter. Entrevistamos a los cabecillas de la antipublicidad
BÁRBARA CELIS - Nueva York - 13/03/2009

REPORTAJE: ARTE - Elpais.com
A los carteles callejeros les ha salido un enemigo: el cúter. Entrevistamos a los cabecillas de la antipublicidad, un movimiento surgido en Nueva York que trae de cabeza a policía y anunciantes.
OBJETIVO: la publicidad que fagocita las estaciones de metro neoyorquinas. Arma: un cúter. Ejecutor: Poster Boy (y compañía). Resultado: collages geniales donde el mensaje publicitario se transforma en ideas anticonsumo o de carácter crítico-social que además provocan una sonrisa (menos a los propios anunciantes, que se han quejado a las autoridades). ¿Eficacia? Absoluta. En menos de nueve meses todos los grandes medios neoyorquinos han hablado de su trabajo, los ciudadanos aplauden su mensaje y fotógrafos como Terry Richardson y raperos como Kanye West le buscan para trabajar con él.

Pero, ¿quién se esconde tras el nombre de Poster Boy? "Es un movimiento. Quizás yo lo empezara pero la realidad es que hay mucha gente cansada del acoso visual al que nos somete la publicidad en las calles. Si te asalta en una revista puedes pasar la página y en la tele puedes cambiar de canal. Pero cuando caminas por la ciudad no hay manera posible de huir".
O
Para entrevistar a Poster Boy es obligatorio mantener su anonimato, entre otras cosas porque alguien acusado de ser Poster Boy fue arrestado recientemente (un tal Henry Matyjewicz, de 27 años, fue detenido en una inauguración en una galería del SoHo, donde se incluía una obra suya. Un flyer anunciando la presencia de Poster Boy fue la excusa de la policía, según publicó el New York Times) y su principal defensa de cara al juicio se apoya en que esa persona no existe como tal sino que todos somos poster boy. "Desde el principio quise que tuviera un componente social, que fuera una idea que no se puede comprar ni vender. Cualquiera puede tomar el nombre y hacer este tipo de obras. Se trata de recuperar nuestro entorno y de utilizar el arte como una forma de reivindicar nuestro derecho a ocupar el espacio público que nos roba la publicidad. Hay que devolver las calles a los ciudadanos. La contaminación visual es exagerada".
Aunque otros se hayan unido, hubo alguien que empezó a darle al cúter con el suficiente talento como para llamar la atención. El Poster Boy que da la cara para esta entrevista �sospechosamente conocedor de todos los detalles del movimiento� ha sido estudiante de arte en una conocida universidad neoyorquina que abandonó con una asignatura pendiente. "Es mi declaración de principios. No estoy de acuerdo ni con la educación artística ni con el mercado del arte". Por eso quienes le han definido en la prensa como el Banksy neoyorquino se equivocan. A él le han influido más Noam Chomsky y las pinturas negras de Goya que la cultura de los triunfadores del siglo XXI. "Yo no quiero ganar dinero con Poster Boy, lo que quiero es propagar el mensaje".

No cree en el mercado del arte, "porque convierte a los creadores en una marca", ni en los derechos de autor. De ahí que al menos este Poster Boy le entregue sus cuadros, fotos o esculturas (produce de todo) a otros artistas que aceptan venderlas como si las hubieran creado ellos. "Quiero librarme de los límites que impone un nombre o una galería".

A Poster Boy le han salido colaboradores en el mundo del arte callejero de Nueva York, donde hoy ya hay muchos militantes antipublicidad. Y una cosa es darle color a las calles y otra diferente, apuntar al corazón de las empresas que, por ejemplo, empapelan con sus proclamas las cabinas telefónicas. Jordan Seiler, un artista increíblemente veloz en el arte de dar el cambiazo y sustituir esos anuncios por obra propia está organizando junto a Poster Boy un inminente golpe de estado contra las muchas compañías que cuelgan sus carteles ilegalmente en Nueva York. "Hay decenas de anuncios ilícitos en nuestras fachadas. Si les pillan pagan multas mínimas, así que lo siguen haciendo. Mi objetivo es que Nueva York algún día sea como São Paulo, donde la publicidad callejera se prohibió hace dos años. No es un sueño. Y el golpe que preparamos �ocurrirá pronto� está dirigido a fomentar ese debate entre los ciudadanos". ¡Tiemblen, anunciantes!

martes, 10 de marzo de 2009

- Publicidad solidaria, ¿Filantropia o mercadotecnia?

www.marketingdirecto.com

La responsabilidad social de las empresas es un término del que se viene hablando hace ya varias décadas, a pesar de que aún no existía una verdadera conciencia al respecto por parte de las empresas españolas. Ahora, la defensa de causas sociales y medioambientales se ha convertido en una moda en países como Reino Unido y Estados Unidos y en un fenómeno incipiente en el caso de nuestro país. Y el canal que emplean para ello es la publicidad.

Las marcas lanzan sus productos, cada vez con más frecuencia, a través de campañas de publicidad protagonizadas por miembros de colectivos sociales marginados o desfavorecidos tales como discapacitados físicos, enfermos mentales o simplemente personas que se salen de los cánones de belleza, marcados principalmente por los medios de comunicación. Con ello, intentan transmitir cercanía con el consumidor, que éste tenga conciencia de que la marca comparte sus mismas preocupaciones sociales.

La publicidad social o "solidaria", por tanto, no sólo consigue disparar las ventas sino que además refuerza los lazos con el consumidor. La clave está en que añaden valor a la marca. Así lo demuestra un estudio realizado en España por Demoscopia para la Fundación Empresa y Sociedad, según el cual el 90% de los españoles asegura estar dispuesto a pagar un sobreprecio si el producto contribuye a ayudar a alguien. Además, la encuesta revela que serían los jóvenes con un nivel adquisitivo medio alto y alto los que estarían más dispuestos a pagar entre un 5% y un 10% más del precio inicial.

Pero el debate se sitúa en torno a las verdaderas motivaciones de este tipo de publicidad. Señala El País, que hay quien dice que esta clase de comunicación responsable tan sólo sirve a intereses económicos disfrazados de filantropía. Sin embargo, los expertos en marketing y comunicación social consideran que la publicidad solidaria constituye una evolución lógica de la propia economía de mercado.

Por su parte, Isidoro Arroyo, director del Festival de Publicidad Social y profesor de publicidad en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, opina que en una época en que cada vez es más difícil conseguir la diferenciación entre los distintos productos de un mismo sector, la mercadotecnia social actúa como estrategia eficaz para desmarcarse de los competidores.
Para mostrar la relevancia que están tomando este tipo de campañas podemos señalar la reciente creación del Festival Internacional de Publicidad Social, que desde hace tres años se celebra en Málaga.

Apuestas por una publicidad comprometidaUna de las marcas pioneras en este tipo de acciones, según publicaba El País, es Avón Cosméticos que, en algo más de diez años, ha logrado recaudar un millón de euros para financiar campañas informativas contra el cáncer de mama, a través de Grupo Visión, institución creada por la propia empresa para esta iniciativa.

Y aún hay más ejemplos recientes. Así, Campofrío integró en su última campaña publicitaria a un joven en silla de ruedas; Tulipán apoya a través de un anuncio de televisión y de la web http://www.yotambienayudo.com/ al Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas; y Tele 5 desarrolló la campaña 12 meses, 12 causas, y los premios del mismo nombre para reconocer la labor de todos aquellos que contribuyen en proyectos solidarios.

jueves, 5 de marzo de 2009

- Google SA, agencia de publicidad

REPORTAJE: PUBLICIDAD
El primer buscador de Internet ha trastocado también el sector de las empresas de comunicación de todo el mundo
J. M. 05/03/2009; www.elpais.com

"Creímos que Google sólo iba a ser la biblioteca de Alejandría del nuevo siglo; luego vimos que hacía de intermediario de las agencias online. Ahora compite con las agencias convencionales". Luis Casadevall, mejor creativo del siglo según anunciantes y publicistas, resume entre estupefacto y entusiasmado, el panorama mundial de la publicidad.

"Creímos que Google sólo iba a ser la biblioteca de Alejandría del nuevo siglo; luego vimos que hacía de intermediario de las agencias online. Ahora compite con las agencias convencionales". Luis Casadevall, mejor creativo del siglo según anunciantes y publicistas, resume entre estupefacto y entusiasmado, el panorama mundial de la publicidad.

El siglo XXI alumbró, en medio de la crisis de las puntocom, Adwords, la herramienta del entonces inmaculado Google para introducir publicidad junto con las búsquedas. Nueve años después, Google ingresó por ese concepto 21.000 millones de dólares, más que cualquier multinacional de la publicidad. Su peso crece proporcionalmente al número de internautas. "¿Qué futuro tiene la agencia convencional ante la audacia, la innovación y la ambición de Google?", se pregunta Casadevall. La catarsis de la música, del cine, del periodismo, se sigue extendiendo a otros sectores.Servicios de buscadores a medida para empresas...servicios premium de correo...picasas...Google Earth, pero de cada 100 dólares que entran en la caja de Google, 97 son por la publicidad. Su dependencia ha bajado sólo dos puntos en ocho años.

De los 21.795 millones de dólares ingresados en 2008, el 69% fueron con AdWords, anuncios insertados en los resultados del buscador. "La publicidad textual y relacional es las más efectiva en Internet", dice Jaime García, analista tecnológico de IDC. "A parte de no alterar el orden de búsqueda, la publicidad en Google es menos invasiva y manipuladora que en otros buscadores".
Al margen de que el público agradezca más o menos este tipo de anuncios, hay otra característica fundamental, "el anunciante sólo paga cuando se entra en su página", señala Pere Rovira del medidor de audiencias WebAnalytics. "El pago por clic es una ventaja respecto a otros modelos publicitarios que exigen que el anunciante pague por la mera inserción".

La puja publicitaria

"AdWords funciona como un sistema de puja o apuesta de manera que los anunciantes deciden cuánto están dispuestos a pagar por aquellas palabras clave relacionadas con su producto o servicio", explica Isabel Salazar", responsable del producto de Google. "Hay términos que generan tanta demanda que los precios son muy elevados. Era el caso de la venta de pisos, donde ha había una competencia tan extraordinaria que el precio del clic se pagaba entre 15 y 20 euro", dice Gustavo Entrala, director de la agencia 1001.es. "Es un soporte que requiere muy poca inversión". Puede anunciarse desde Repsol a un blog. A partir de 10 euros se puede hacer una campaña.

Y una característica más que completa las ventajas del sistema: sin necesidad de intermediarios. No hay que acudir a una agencia de medios. Ni para la estrategia ni para que te midan la efectividad del anuncio. Google proporciona al anunciante, más aún, a cualquier que tenga una web o un blog, la herramienta para saber quién entra en tu página, cuando, por qué, dónde pincha. "Es cierto que cada uno puede ser su agencia. Eso es bueno porque populariza la publicidad", explica sin miedo Gabriel Sáenz de Buruaga, director general de Media Contact.
Sáenz de Buruaga califica a Google de frienemy, amigo y enemigo, aliado y competidor. "Tiene las dos caras; el lado fantástico de productos muy superiores al resto, pensados sólo y en función del consumidor. Gracias a ellos consigue situaciones de casi monopolio, y entonces aparece la otra cara: su sistema de análisis sesga los resultados a favor de su sistema". Adwords es tan perverso, o perfecto, que hay que anunciarse para que no se anuncien otros. Es el caso de NaranjasLola, que está en los tribunales."¿Verdad que no es lógico que uno tenga que hacer publicidad para que no se anuncien otros en las búsquedas de mi propio nombre?", se pregunta Federico Aparici, propietario de NaranjasLola.com. Él mismo se responde: "Lo hago para que no me quiten ningún clic. He llegado a pagar al mes más de 1.500 euros".

Aparici fue pionero en vender naranjas por Internet. Tras su estela llegaron los competidores que no dudan en comprar la búsqueda para aprovechar el tirón de su marca. Introduciendo esta palabra en Google, el buscador ofrece anuncios de otros naranjeros. "Google debe ingresar alrededor de 10.000 euros mensuales aprovechándose del gancho de mi marca", dice Aparici.
Si una empresa tiene su marca registrada en España y quiere que otra compañía no utilice su nombre en Google para anunciarse, debe comunicar al buscador que su marca esta registrada. Sin embargo, Aparici asegura que lleva tres años intentando que Google deje de subastar su nombre comercial. Según Google, "si ha comunicado el registro y continúa teniendo problemas, igual hay otros detalles que desconocemos".

Home, una tienda digital especializada en productos descanso, han reunido un listado de 40.000 clientes en cinco años. Factura un millón de euros al mes, pero destina el 70% de su presupuesto a publicidad digital y, de esta cifra, el 60% es en Google. En algunas campañas han logrado que un 17% de los que ven su anuncio patrocinado pinchen.

Google se mueve rápido, con lo que funciona y con lo que no. En enero cerró Print Ads, un servicio para extender su abanico publicitario a los diarios de papel; en febrero ha cerrado Radio Ads, el mismo servicio para radios. Siguen con TVAds, para la tele y anuncian la inserción de publicidad en su sección de noticias en Estados Unidos, hasta ahora virginal. ¿El futuro?, se preguntaba al inicio Casadevall. "Las agencias tendrán que ser centros de inteligencia, de estrategia, de creación de conceptos, de producción y de distribución offline y online. Los distintos especialistas de áreas deben empezar a trabajar juntos.Y sumar talento. La fusión es un hecho en todas las direcciones".

¿Fusiones o desapariciones? "Las agencias que sólo se basan en la intermediación tienen un futuro turbio", augura Sáenz de Buruaga; "pero la capacidad de un creativo, de definir la mejor estrategia, eso es imposible de sustituir".

Una agencia virtual frente a las 'Big Six'

Con un tercio de empleados, Google cuadriplica los beneficios de Onicom, el primer grupo de la publicidad, líder de las seis grandes del mundo, las llamadas Big Six. La diferencia de volumen y margen de beneficio es aún mayor si se advierte de que mientras los ingresos de Google se refieren exclusivamente a publicidad, en los de las Big Six entran también minutas por relaciones públicas, lavados de imagen y otros servicios.

El futuro aún favorece más a la agencia virtual, que crece menos que nunca, pero a un estratosférico 26%.

lunes, 2 de marzo de 2009

- La Comunicación: herramienta estratégica en la misión de las ONGD

Hildegart González Luis
Betelu13@yahoo.es
Profesora asociada de la Universidad de Navarra


Resumen de la ponencia
La ponencia analiza las posibilidades estratégicas que puede tener la comunicación que las ONGDs realizan en la consecución de su principal misión: el desarrollo de los países menos favorecidos. En la investigación realizada, se ha detectado que dentro de la labor de las ONGDs hay cinco funciones que requieren de un uso estratégico de la comunicación para poder conseguir los objetivos que pretenden. La ponencia describe las peculiaridades comunicativas de cada una de estas funciones y analiza las tácticas acertadas y fallidas que las ONGDs han desarrollado en los últimos años para conseguir los objetivos pretendidos por cada una de ellas. Las técnicas de investigación utilizadas fueron: entrevistas en profundidad a los directivos de comunicación de las ocho ONGDs que en 1999 habían invertido en comunicación una cantidad superior a 90.155 euros (Intermón- Oxfan, Médicos Sin Fronteras, Ayuda en Acción, Acción Contra el Hambre, Médicos del Mundo, MPDL, Codespa y Manos Unidas); y el análisis de contenido cualitativo de las campañas y de los materiales de comunicación más significativos que cada una de estas ONGDs elaboró durante el periodo 1998 - 2004. El artículo pone de manifiesto que, si los responsables de comunicación de las ONGD conocen las peculiaridades de cada una de las funciones mencionadas, diferencian los rasgos que caracterizan a los mensajes que cada una de ellas precisa y tienen en cuenta algunas de las tácticas erróneas que se han desarrollado para implementarlas, es posible que la comunicación que realicen estas instituciones contribuya, en buena medida, a generar cambios en la ciudadanía de los PD que favorezcan el desarrollo de las regiones empobrecidas del planeta.
Palabras claves: ONGD, estrategias y comunicación

La comunicación: herramienta estratégica
La gran mayoría de las ONGD que actualmente tienen sede en España, surgieron a finales de los 80, principios de los 90 con el objetivo de contribuir con su acción al desarrollo de los países del denominado Tercer Mundo1. La ejecución de proyectos de desarrollo en estos países y la recaudación de los fondos que los financiaran se convirtieron en las dos funciones claves que realizaban la gran mayoría de estas instituciones. La comunicación fue utilizada en un principio únicamente como un instrumento que les permitía obtener donaciones.

Desde nuestro punto de vista hay tres factores que han propiciado que la comunicación dentro de las ONGD haya dejado de ser percibida desde ese enfoque reduccionista y haya pasado a convertirse en un elemento estratégico central, presente en la mayoría de las acciones que ejecutan las grandes instituciones del sector. Dichos factores son: la aparición y la consolidación de de las ONGD del Sur que desarrollan un buen trabajo sobre el terreno (Recollons, 1999); la crisis que atraviesa el propio concepto de proyecto de cooperación (Pons Cortes, 2002; Reusse, 2002); y la percepción, por parte de todos los actores implicados en este campo, de que la consecución del desarrollo de los países pobres precisa de cambios significativos en las regiones ricas.

Por este último motivo, las ONGD han incrementado las acciones comunicativas dirigidas a los ciudadanos de los Países Desarrollados (PD). Según la finalidad que persiguen, estas acciones pueden contribuir a las funciones de educación para el desarrollo, de sensibilización, de captación, de presión y de información2. Todas ellas precisan de un uso estratégico de la comunicación para poder conseguir los objetivos que pretenden. Es innegable que la percepción y el uso de la comunicación como una herramienta estratégica ha provocado un gran avance en el desarrollo práctico de algunas de estas funciones. A pesar de ello, la escasa experiencia por parte de las ONGD en el ámbito comunicativo, la ausencia de conocimiento académico especializado al respecto, y la falta de una delimitación clara de los objetivos y de las peculiaridades de cada una de estas funciones han propiciado que los errores también hayan sido habituales en el uso que estas instituciones han hecho de la comunicación.

Con la finalidad de aportar algunas ideas que contribuyan a mejorar la comunicación que las ONGD realizan, en los próximos párrafos, sintetizaremos los rasgos que caracterizan a las funciones de educación para el desarrollo, sensibilización, captación, presión e información. Además, ahondaremos en las principales deficiencias comunicativas en las que han incurrido las ONGD al implementarlas, en las consecuencias que se han derivado de ellas y en algunas de las tácticas más adecuadas que pueden favorecer la consecución de los objetivos que pretenden (González Luis, 2006; De la Riva, 2002; Alonso, 1999).

Las técnicas de investigación empleadas en este estudio han sido dos: entrevistas en profundidad a los responsables de comunicación de las ocho ONGD españolas que en 1999 tenían una partida presupuestaria para este ámbito superior a 90.155 euros3; y análisis de contenido cualitativo de las campañas y de los materiales de comunicación más significativos que cada una de estas instituciones elaboró durante el periodo 1998-2004.

La comunicación en la educación para el desarrollo
La educación para el desarrollo (EPD) es el conjunto de acciones y actividades que se realizan para formar a las personas en los valores que contribuyan a la erradicación de la pobreza. Los rasgos básicos que la definen son el requerimiento de la disposición de la persona que acepta ser instruida y la orientación de dichas acciones a la afección de la razón humana a través de la voluntad. Las acciones de EPD pretenden cambios integrales en la persona que se prolonguen en el tiempo. Estas acciones suelen ir encaminadas a segmentos concretos de la población4, hecho que dificulta su difusión a través de los medios informativos.

Los mensajes elaborados por las ONGD para promover esta función adolecen de falta de atractivo en su presentación formal, de coherencia respecto a la estrategia unificada en el ámbito comunicativo, de difusión, limitándose casi exclusivamente a niños y adolescentes, y de diversidad (pocas ONGD hacen EPD y quienes la desarrollan no suelen considerarla una labor prioritaria). A pesar de que se ha mejorado bastante en la creación de este tipo de materiales en los últimos años, su diseño sigue siendo, en general, poco atractivo, hecho que disminuye su grado de aceptación y calado público. Los mensajes educativos que elaboran no suelen regirse por las directrices de los planes de comunicación, hecho que afecta negativamente a su coherencia con el resto de materiales. Habitualmente, responden a demandas puntuales que reciben por parte de colegios, asociaciones, etc., o bien a iniciativas promovidas exclusivamente por el departamento de educación de cada ONGD. La independencia y falta de coordinación que tradicionalmente ha caracterizado a los departamentos de comunicación y educación también contribuye a la falta de coherencia detectada en los mensajes difundidos. Este defecto está siendo suplido en algunas ONGD por grupos de trabajo compuestos por personal de ambos departamentos.

Por otra parte, como los mensajes son elaborados casi exclusivamente para personas en edad escolar (Castro Freire, 1997), se elimina la posibilidad de educar al conjunto de la ciudadanía. Por último, la escasez numérica de materiales dedicados a este objetivo impide que muchos ciudadanos conozcan su existencia, reduce el reconocimiento público de las ONGD como promotoras de dicha labor y constriñe bastante su campo de efecto. Además, en el estudio realizado se ha detectado una tendencia, casi general, hacia la disminución de los recursos invertidos en esta labor. Se podría afirmar que, en la mayor parte de los casos, es una función en retroceso.

La comunicación que pretende sensibilizar
No existe una única definición que concrete qué es para las ONGDs la sensibilización. La mayoría de los autores consultados incluyen esta labor como una de las subfunciones de la educación para el desarrollo, o viceversa (Arancibia Tapia, 2002: 73; Armadans y Tarrés, 1999: 18). A pesar de que una sensibilización apropiada contribuye a que la EPD pueda realizarse de manera exitosa, existen suficientes rasgos distintivos entre ambas funciones para diferenciarlas como labores con finalidades propias. Las diferencias se encuentran, sobre todo, en la actitud necesaria por parte del receptor, en los fines que pretenden lograr, en los medios empleados para ello y en los públicos a los que se dirigen. La sensibilización no necesita de la predisposición de aquel a quien trata de afectar, como sucedía en la EPD. Genéricamente se puede afirmar que la finalidad pretendida consiste en conseguir influir en los sentimientos de aquellos a los que se destina, con el fin de lograr un cambio concreto de actitud que no suele prolongarse en el tiempo.

Los medios empleados para ello suelen ser principalmente mensajes caracterizados por su emotividad, su simpleza, su carencia de razonamiento, etcétera, ya que, como se ha dicho, con ellos se pretende afectar y repercutir en los sentimientos para lograr cambios transitorios en esferas concretas de actuación.

Podemos apuntar que la función de sensibilización se dirige habitualmente a un gran auditorio configurado por el conjunto de la opinión pública. Las principales deficiencias en los mensajes para sensibilizar son la pretensión habitual en ellos, manifiesta o latente, de recaudar fondos y el excesivo grado de emotividad que los suele caracterizar (Palencia, 1997).

En el análisis de los anuncios de las ONGD investigadas en este estudio, resulta complejo determinar cuáles pretenden sensibilizar y cuáles pretenden captar donaciones. Más bien, se podría confirmar que algunos ambicionan ambos objetivos y muchos únicamente el segundo. Tal afirmación se fundamenta en que en todas las campañas publicitarias, de una u otra manera, se pide la aportación económica, bien facilitando el número de teléfono, bien solicitando la donación directamente. Por otra parte, el resto de las actividades comunicativas promovidas por las ONGD para sensibilizar –exposiciones fotográficas o audiovisuales, conciertos, conferencias, etc.– habitualmente también suelen requerir una aportación monetaria, bien canalizada a través de la compra de la entrada, o bien por peticiones in situ que apelan a la voluntad de los asistentes para una u otra causa.

La principal consecuencia negativa derivada de esta mezcla de objetivos es la percepción errónea generada en la ciudadanía sobre los fines perseguidos por las ONGD. Se llega a creer que siempre que quieren comunicar algo lo hacen con la finalidad de pedir dinero.

La segunda deficiencia, el excesivo grado de emotividad como recurso válido, quizá es más evidente en los mensajes enfocados a la captación, aunque también hay ejemplos en acciones cuya finalidad es la sensibilización. Las consecuencias negativas generadas por este tipo de imágenes son, sobre todo, la insensibilización a largo plazo de la sociedad ante el dolor, la penuria y las calamidades humanas. Además, con el uso de este tipo de prácticas comunicativas, se renuncia a crear un estado de opinión propicio y abonado en el que la difusión de mensajes dirigidos a la EPD sea efectiva.

La comunicación orientada a la captación de donaciones
Probablemente, la labor que las ONGD desempeñan como captadoras de donaciones es, junto con la ejecución de proyectos, la más conocida por la ciudadanía y la más estudiada por los investigadores.

La gran mayoría de los autores coinciden en señalar que es una tarea, un arte prioritario para estas organizaciones. Afirman que consiste en recaudar recursos económicos para que las ONGD puedan desarrollar su misión. Por último, coinciden en señalar que la comunicación es una herramienta fundamental en su ejercicio.

Los rasgos básicos que caracterizan a esta labor son, en primer lugar, su pretensión de actuar sobre la voluntad –con independencia de si la misma es favorable o no a la finalidad pretendida– para conseguir generar un acto: la aportación económica. En segundo lugar, se puede afirmar que se distingue por orientarse en la práctica tanto a la búsqueda de cambios a corto plazo (donación ocasional) como a largo plazo (donaciones periódicas prolongadas en el tiempo). Por último, se diferencia por orientarse tanto a la opinión pública en general como a sectores segmentados.

El principal deterioro de estos mensajes viene generado por la validación y el empleo de todo tipo de tácticas, instrumentos y materiales para conseguir recursos económicos (Guardia, 1999: 68-69; Leza Fernández, 2003: 158-160). La mayoría de las ONGD, en sus orígenes, no repararon, ni valoraron si eran o no adecuados para contribuir a la consecución de su labor global (Picas Contreras, 2001).

El término acuñado por Philip Kotler, “publicidad caritativa”, resulta apropiado para denominar a este conjunto de mensajes que no escatima en el uso de cualquier instrumento para obtener un fin que se presenta como solidario y benéfico con los más pobres.

Las tácticas comunicativas empleadas que suscitan mayor controversia son la utilización del dramatismo y el uso de la culpabilización, también denominada generación de mala conciencia en los ciudadanos. Ambas priorizan incidir únicamente en el sentimiento, descuidando la percepción racional. La táctica del dramatismo se caracteriza por emplear imágenes, testimonios y realidades extremas con la finalidad de generar la lástima y la compasión necesarias para conectar, como escribe John Clark, “la arteria del corazón con la de la cartera” (Clark, 1991: 44). Con frecuencia, los recursos empleados atentan contra la dignidad de los beneficiarios de la ayuda y distorsionan la percepción de las realidades de los países más pobres. Sin embargo, su uso se ha justificado hasta finales de la década de los noventa como un mal menor. Las campañas de Anesvad, sobre todo la difundida en prensa, radio y televisión desde enero de 2001 hasta noviembre de 2002, ejemplifican el uso de este recurso.

La estrategia culpabilizadora o de mala conciencia se materializa en la comunicación de las ONGD con mensajes que acusan directa o indirectamente a los ciudadanos de ser responsables del subdesarrollo y de sus consecuencias. El único modo que se ofrece para librarse de ese juicio acusador es la aportación monetaria. La campaña “Reacciona, no les des la espalda” de Anesvad, la de “Excusas” de Ayuda en Acción o la de “¿Feliz Navidad?” de Médicos Sin Fronteras son algunas de las que ejemplifican el uso de este recurso.

A pesar de que ambas tácticas se utilizan para provocar en el público el efecto directo de dar dinero para una causa benéfica, su uso puede acabar por volverse contra la propia organización13 y provocar los siguientes efectos negativos: la “fatiga de la compasión”, la “reducción de responsabilidades” y la perdida de credibilidad de la propia institución.

La “fatiga de la compasión” es el fenómeno de hastío que se ocasiona en los ciudadanos por el abuso de las imágenes dramáticas orientadas a impactarles para que contribuyan con dinero a solventar el problema mostrado. Con frecuencia, suele derivar en una no colaboración por parte de los ciudadanos, como constata Calle Collado. El público se cansa de dar dinero (Romero Rodríguez, 1999), porque el problema sigue presente de modo continuo en los mensajes que las organizaciones les lanzan. La doctora Moeller recoge en uno de sus libros un caso práctico que ejemplifica claramente el proceso de gestación, aparición y desarrollo de este fenómeno (Moeller, 1999: 9).

Además, estas imágenes generan y fomentan la percepción paternalista de la ayuda y la inferioridad de aquellos para quienes se solicita la donación. Ambos hechos contradicen e inciden negativamente en los esfuerzos de sensibilización y educación para el desarrollo en los que las ONGD afirman trabajar.

El segundo de los efectos que puede provocar la difusión de publicidad caritativa se puede denominar “reducción de responsabilidades”. Dicho efecto consiste en la percepción del ciudadano de que todo su compromiso con la problemática planteada a través del anuncio, y por extensión con el subdesarrollo y con la cooperación, finaliza con una aportación económica concreta16. Se implanta lo que algunos autores han dado en llamar la solidaridad finsemanista o de tarjeta de crédito. La reducción de responsabilidades no repercutiría de modo directo en la disminución de donaciones ocasionales, pero puede influir negativamente en las aportaciones regulares. Además, frenaría decisiones como, por ejemplo, la adhesión de nuevos voluntarios o el cuestionamiento y cambio de conductas personales. Es decir, aplacaría algunas de las pretensiones que, supuestamente, quieren promover las ONGD al sensibilizar y educar para el
desarrollo.

La tercera consecuencia que estos mensajes pueden provocar consiste en la perdida de credibilidad de las ONGD. A este fenómeno alude Ángel Calle al manifestar cómo la superficialidad de los mensajes que transmiten estas organizaciones repercute negativamente en la confianza que la sociedad deposita en ellas. Este investigador estima que el espectador detecta que la solución al problema esgrimido no puede ser la aportación puntual solicitada. Al valorar la demanda como falsa, la propia institución pierde credibilidad para dicha persona (Calle Collado, 2000: 87).

Dicha pérdida puede repercutir de modo negativo en las donaciones que reciben las ONGD, ya que éstas se originan y consolidan, sobre todo, por la confianza generada en la sociedad18. La pérdida de credibilidad puede extenderse, también, a la veracidad que los ciudadanos conceden a todos los mensajes que difunden.

Todos los directivos de comunicación de las ONGD estudiadas, a excepción de uno, critican el uso del dramatismo y la culpabilización para incrementar donaciones. Coinciden en señalar que son técnicas muy eficaces en el corto plazo, pero que a medio y largo plazo resultan perjudiciales para todo el sector (Corretjé, 1999: 15-17).

La mayor parte de ellos coinciden al señalar algunas de las alternativas posibles a estos tipos de mensajes (Pernas, 2000). Las medidas más reiteradas son, entre otras, la elaboración de mensajes con una visión positiva de los objetivos que se van logrando en el trabajo conjunto entre las ONGD y los beneficiarios (Serrano, 1998: 75-76); la incidencia en los efectos favorables que la donación puede generar; la traslación del problema planteado a situaciones que sean cotidianas para el donante, y la generación de expectativas alcanzables frente a los objetivos genéricos que muchas veces se cuentan (Bennett y Kottasz, 2000). La planificación del proceso que se seguirá para captar donaciones (Staeker y Reid, 1994) y un conocimiento mayor de quiénes son y cómo piensan los actuales y posibles donantes de cada institución contribuirían en gran medida a determinar con mayor acierto los mensajes que las ONGD deben elaborar (García Izquierdo, 2001: 41-58; Marcuello Servós, 1998).

La comunicación como herramienta de presión
La función de grupo de presión (Truyol y Serra, 1974: 129), también denominada con los términos lobby, incidencia, advocacy o de cabildeo político, es una de las labores más recientes y novedosas que las ONGD han asumido como propia.

Los rasgos básicos que caracterizan a esta función sirven para ubicarnos en cuál es su situación actual. Su novedad y la escasez de casos exitosos que sirvan de modelos para futuras acciones; su gran potencialidad de repercusión; su orientación a medio y largo plazo; la profesionalidad y cantidad de recursos que se requieren para activarlas; la estructuración de todas sus actividades en torno a la campaña; y la orientación de la misma a tres públicos diferentes a un mismo tiempo, son los más destacables.

Las primeras campañas de presión gestionadas desde las ONGD datan de principios de los noventa. Si bien es cierto que es una función en auge y considerada prioritaria por estas instituciones (Hegoa, 2000: 39), son todavía escasas las campañas exitosas que pueden servir de referencia a las que quieran acometer por primera vez este tipo de acciones.

Son varios los investigadores y las ONGD que destacan la gran potencialidad que tiene esta labor (Lewis, 2003: 334). Si la campaña de presión funciona, se pueden conseguir objetivos que implican cambios estructurales de gran interés para mejorar la cooperación internacional, el desarrollo mundial y la reducción de las injusticias22. La contrapartida a tal potencialidad es que los objetivos no deben esperarse nunca en el corto plazo.

La penetración y consolidación de Internet en la sociedad constituye un instrumento fundamental para dicha función23. Sin él, algunas de las campañas comunicativas de presión nacionales e internacionales puestas en marcha por este tipo de instituciones nunca hubieran sido viables. Las iniciadas para liberar a Saffiya Hussaini y a Amina Lawal del castigo de lapidación impuesto por el tribunal de Nigeria han sido de las que más éxito y mayor notoriedad han tenido hasta el momento.

Sin embargo, a pesar de reconocer la eficacia y la capacidad movilizadora de las campañas promovidas a través de la Red, el reto para las ONGD en este tipo de comunicación se sitúa en los medios tradicionales.

La necesidad de canalizar a través de ellos mensajes de presión más explícitos es manifiesta. En ocasiones, la denuncia es patente. Sin embargo, el llamamiento a la movilización se insinúa con tanta sutileza que se difumina al concluir el anuncio, una vez más, con la demanda económica presente a través de un número de teléfono o en la palabra “colabora” o “ayúdanos”. Quizá, la incomprensión de este tipo de mensajes sea una de las causas que puede contribuir a explicar por qué las ONGD no consiguen movilizar a su base social tanto como ellas quisieran. Además, las ONGD, al gestionar una campaña de presión, deben conseguir la presencia continua de la misma en los medios. Para ello, deben mejorar sus tácticas de acercamiento a los periodistas, hecho que no siempre se ha logrado en las campañas de presión iniciadas en España25. La unión de varias ONGD (Yanacopulos, 2005) en torno a una reivindicación nacional o internacional determinada estructurada en una campaña, su gestión coordinada, la elaboración de buenos informes que avalen sus demandas (Madon, 1999) y el alineamiento de todas las sinergias que cada una pueda conseguir es, sin ninguna duda, la mejor estrategia reconocida por todos los directivos de comunicación de las instituciones que suelen incluir la función de presión como propia.

La puesta en marcha de iniciativas de presión siguiendo esta estrategia ha sido el pilar central del éxito (Chapman y Fisher, 2000; Van Roy, 1997), por ejemplo, de la campaña internacional llevada a cabo para prohibir la fabricación y el uso de las minas antipersona, o de la campaña española en pro de la transparencia en la venta de armamento que realiza nuestro país (Fisas: 1998). Además, este tipo de estrategias caracterizadas por la actuación conjunta y coordinada de varias ONGD silencia, en parte, la acusación de competencia entre ellas (VVAA, 1998a; Nelson y Dorsey, 2003; Meyer, 1997) que suele utilizarse para criticar la labor que desarrollan estas instituciones. La última campaña de presión puesta en marcha en nuestro país se desarrolla bajo el lema “pobreza cero”.

La comunicación que pretende informar
La función informativa de las ONGD hacia los medios de comunicación es probablemente la menos diferenciada de todas las que hemos ido analizando en esta investigación. La mayoría de los autores que estudian las funciones de las ONGD incluyen ésta dentro de labores como la EPD, la sensibilización, la captación de donaciones o la presión (Deacon, 1996: 89; Andrés López y Molina de la Torre, 2000: 89). A pesar de que dichas funciones requieren de información, consideramos que la labor de informar a los periodistas y a la opinión pública es en sí misma una función con autonomía suficiente como para que las ONGD y quienes las investigan la consideren en dichos términos.

La división que planteamos no responde a problemas terminológicos, sino a cuestiones esenciales (Pizarroso, 1990: 26). Consideramos que, si las ONGD comprenden la posibilidad de informar a los periodistas y a la opinión pública como un instrumento para educar, sensibilizar, captar fondos o presionar, queda distorsionado u olvidado el objetivo último de esta función: aportar conocimiento a los profesionales en activo y a la sociedad.

Nuestra decisión se justifica desde un plano práctico, por las evidencias más relevantes y, desde el plano teórico, por los rasgos distintivos más significativos que caracterizan a dicha labor.

La existencia de gabinetes de prensa dentro de estas instituciones; la asignación de partidas presupuestarias destinadas a esta función; la dedicación de personal contratado y voluntario a ella; el diseño de estrategias encaminadas a su realización (Ortega, 1994: 85) y la creación de materiales para su ejercicio, son las evidencias prácticas que contribuyen a justificar que la labor de ser fuentes de información es una función con autonomía propia dentro del sector de las ONGD.

Sus rasgos distintivos son el objetivo que se persigue y los públicos a los que se dirige. El objetivo principal consiste en mostrar, en presentar la realidad de los Países en Vías de Desarrollo (PVD) y de la propia ONGD con la única intencionalidad de mejorar e incrementar el conocimiento del ciudadano sobre dichas temáticas.

La función informativa se orienta a dos públicos distintos al mismo tiempo: al sector profesional y a la audiencia de dichos medios (Díaz-Salazar, 1996: 222). La voluntad y la disposición de cada uno son distintas. En el primer caso, resulta muy difícil establecer un comportamiento general. La predisposición de los periodistas a publicar información facilitada por las ONGD puede oscilar desde la máxima receptividad hasta la mínima, dependiendo de la autoridad y credibilidad que otorguen a estas instituciones, y de la calidad de las informaciones que ellas les proporcionen. El público expuesto a los medios, por el contrario, mantiene un comportamiento bastante homogéneo (Amaedo, 1998: 44) y concede un alto grado de credibilidad a las informaciones de las ONGD. Los dos objetivos principales a los que aspiran las ONGD con sus mensajes informativos consisten en mostrar lo que ellas son y hacen28 y en dar a conocer las complejas realidades que acontecen en los países pobres29. Varios autores habían denunciado que las ONGDs no estaban consiguiendo ninguno de estos dos objetivos.

La consecución del primero ha sido estudiada por Juan Luis Martínez, quien afirma que existe una disociación entre lo que las ONGD son y lo que dicen que son (Martínez Sánchez, 1998a). Ello conlleva que: “A la opinión pública le llega una imagen que no se corresponde con la realidad de lo que la ONGD es y hace en el Tercer Mundo (Martínez Sánchez, 1998a: 121)”.

Sin embargo, el estudio de Martínez no se basa de manera específica en los mensajes informativos, sino que llega a dicha conclusión partiendo de la idea de que todo cuando comunican las ONGD y es percibido por el público configura la imagen corporativa de estas organizaciones.

Por su parte, Ángel Calle sugiere, sobre este tema, que los mensajes que se publican en los medios de comunicación sobre las ONGD transmiten una imagen ‘asistencialista’ de ellas, casi siempre ligada a la ejecución de proyectos de emergencia31. Sin embargo, dicha afirmación no se basa en un estudio sobre los mensajes informativos que las instituciones envían a los periodistas, sino en el análisis exclusivo de las noticias que los medios publican sobre ellas.

Susan D. Moeller y José María Peredo Pombo son dos de los investigadores que denuncian la incoherencia clara que existe en el seno de las ONGD cuando exigen dignidad empleando para conseguirlo imágenes muy sesgadas de esos países32. Las críticas también son frecuentes entre los habitantes de
los países receptores de ayuda, tal y como recoge David Sogge en uno de sus libros, (Sogge, 1996: 201).

Las propias ONGD han reconocido que sus mensajes a través de los medios no contribuyen a mostrar una buena imagen de la realidad que acontece en las zonas más pobres.

Si bien todos los estudios mencionados corroboran que la opinión pública no recibe una imagen verdadera de lo que las ONGD son y hacen, y de la realidad de los PVD, ninguno de ellos permite detectar que el problema se encuentre en los mensajes informativos que elaboran estas instituciones, puesto que ninguno se centra exclusivamente en dicha tipología (CONGDE, 2005).

Un estudio reciente, centrado en el análisis de la información que las ONGD difunden y en las noticias que los medios publican sobre ellas y sobre los PVD, pone de manifiesto, que si bien en situaciones de emergencias humanitarias, estas instituciones son más propensas a difundir una imagen sesgada de su labor y de la realidad de las regiones pobres, en situaciones de normalidad la información que trasmiten no incurre en dichas carencias (González Luis, 2006). El último estudio mencionado revela que son los periodistas los que con su mediación suelen distorsionar ambas realidades. La profesionalización de los departamentos de comunicación de las ONGD es, según dicha investigación, una herramienta muy útil para contrarrestar las imágenes sesgadas difundidas por los periodistas.

Como conclusión final de este artículo queremos afirmar que, si los encargados de diseñar las estrategias de comunicación de las ONGD conocen las peculiaridades de cada una de las funciones mencionadas, diferencian los rasgos que caracterizan a los mensajes que cada una de ellas precisa y tienen en cuenta algunas de las tácticas erróneas que se han desarrollado para implementarlas, es posible que la comunicación que realicen estas instituciones contribuya, en buena medida, a generar cambios en la ciudadanía de los PD que favorezcan el desarrollo de las regiones empobrecidas del planeta.

- Si Noé levantara la cabeza...

Noviembre 2007, www.jordi-raich.com
Jordi Raich, Escritor y experto en ayuda humanitaria
Autor del libro: El espejismo humanitario (Editorial Debate)


...pondría el grito en el cielo al ver su Arca convertida en un Boeing 757, sus 40.000 animales transformados en 103 niños y su aventura filantrópica desfigurada en beneficio de oscuras empresas disfrazadas de caridad.

Pero, dado que Noé no levantará la cabeza, ya va siendo hora de que las escasas ONG y medios de comunicación respetables que quedan se atrevan a poner el grito en el cielo y denunciar abiertamente, por el bien de las víctimas y por el de los principios humanitarios, el escándalo de la tapadera solidaria.

Dejémonos de hipocresías. El Arca de Zoé no es una oveja negra en el rebaño, porque estamos ante un rebaño de ovejas negras que crece sin control desde hace décadas y en el cada vez quedan menos ovejas blancas.

En los últimos años, al abrigo del aura de santidad, y la correspondiente impunidad que conlleva, ha proliferado en el planeta una legión de ONG incompetentes y ficticias. En el mejor de los casos, éstas se dedican a enriquecerse abusando de la candidez de la gente o a hacer proyectos inocuos que no sirven para nada. En el peor de los casos, la etiqueta benévola oculta redes de pederastia, financiación de grupos extremistas, evasión fiscal, tráfico de armas, drogas u órganos, proselitismo religioso...

Todos contribuimos a la degradación sin remedio de la solidaridad. Las corporativistas ONG, que saben de estos abusos desde hace mucho tiempo pero callan y prefieren no criticar a sus “colegas no gubernamentales”. Los políticos con sus manipulaciones interesadas de los impulsos caritativos de los votantes y con despropósitos mitificadores como el Día del cooperante. Los ejércitos occidentales, con España en el pelotón de cabeza, que han prostituido los principios humanitarios transformando a sus soldados en cooperantes armados que curan hoy a los mismos civiles a los que bombardean mañana.

Los medios de comunicación que ya ni investigan, ni analizan sino que, mientras calculan los beneficios, dejan que las noticias vengan a ellos en vez de ir ellos a las noticias. Y nuestra desidia moral, que hace que cubramos nuestro cupo compasivo con una donación mensual a una ONG sin preocuparnos de a qué se dedica, que nos lancemos a apadrinar y adoptar como posesos para emular a Angelina Jolie, y que consumamos solidaridad con la misma irresponsabilidad que consumimos televisión.

En el fondo, lo escandaloso de verdad no es el caso Intervida, o el caso Arca de Zoé, lo realmente escandaloso es que salgan tan pocos escándalos a luz. Aunque, a decir verdad, tampoco ello iba a cambiar mucho las cosas. Hoy Noé estaría feliz porque tenemos las cabezas levantadas, pero el escándalo Zoé terminará pronto y entonces las bajaremos... hasta el próximo escándalo. Y así, poco a poco, dejaremos de escandalizarnos, como hace tiempo dejamos de escandalizarnos con la masacre diaria de Bagdad.

- Objetivo ONG

Jordi Raich, Escritor y experto en ayuda humanitaria
Autor del libro: El espejismo humanitario (Editorial Debate)
Octubre 2004, www.jordi-raich.com/Articulos.html


Nuevo secuestro de una cooperante en Irak. Un secuestro anunciado desde que el primer ministro Berlusconi decidió pagar cualquier precio en euros por las dos cooperantes italianas para no pagar el precio en votos de sus decisiones. Nueva ola de indignación social y llamamientos. Pero, por inadmisible que nos parezca atacar a quienes auxilian a la población, el fenómeno no es reciente ni sorprendente. Desde 1996 más de 300 cooperantes han sido asesinados en todo el mundo. Y en lo que va de año, otros 25 han perdido la vida en Afganistán, tantos como soldados de las fuerzas extranjeras.

La manipulación de la compasión con fines políticos y económicos es antigua. En 1902 Joseph Conrad ya criticó el uso hipócrita del lenguaje misericordioso en El corazón de las tinieblas, donde Kurtz expolia marfil en África para la desinteresada Sociedad para la supresión de las costumbre salvajes.

Sin embargo, la caída del muro de Berlín marcó un punto de inflexión que provocó el empeoramiento de las condiciones de seguridad para las agencias de ayuda. Entre la defunción de la Guerra fría y el nacimiento de la Guerra global contra el terrorismo, la desorientación geoestratégica de los países desarrollados catapultó a la acción humanitaria al estrellato de las relaciones internacionales.

En 1992, los marines estadounidenses consumaron en Somalia la primera “intervención militar humanitaria” de la historia destinada a proteger las actividades de las ONG. En 1994, el altruismo estatal sirvió para enmascarar la pasividad de la comunidad de naciones durante el genocidio de Ruanda. En 1999, la OTAN definió el bombardeo de Kosovo como una “guerra humanitaria”. Esta vez, las tropas montaron campos de refugiados en Macedonia y gestionaron la distribución de las provisiones. En poco tiempo la escena había dado un vuelco espectacular: a principios de los noventa los ejércitos apoyaban los proyectos humanitarios de las ONG; a finales de la década las ONG apoyaban los proyectos humanitarios de los ejércitos.

La Operación Libertad Duradera en Afganistán puso otra vez en evidencia los peligros del matrimonio militaro-humanitario. Presenciamos entonces el impúdico lanzamiento simultáneo de bombas y comida sobre las aldeas afganas. Tres años después, los pilotos del Pentágono todavía dispersan folletos advirtiendo a los civiles de que no recibirán asistencia si no les facilitan información acerca de Al Qaeda.

Las organizaciones no gubernamentales, que gracias al dinero que los gobiernos han invertido en su artimaña caritativa han proliferado como setas, tienen buena parte de culpa. La galaxia ONG, una sigla que define algo inconcreto por la vía de la negación, es un cajón de sastre que contiene asociaciones muy dispares. Unas cuantas denuncian los peligros de la apropiación que los ejércitos hacen de la doctrina humanitaria. Otras muchas, con menos escrúpulos, no dudan en emplear aviones militares para transportar suministros, viajar escoltados por tanquetas y solicitar intervenciones armadas.

Sargentos que ponen vacunas y cooperantes a bordo de helicópteros con lanzacohetes. No es de extrañar que a los ojos de los insurgentes los solidarios sean de todo menos neutrales. Si los mandatarios occidentales han incorporado las ONG en sus estrategias bélicas, ¿por qué no iban a imitarles sus enemigos? Hoy, rebeldes y terroristas las consideran un objetivo legítimo que atacan para conseguir financiación, eliminar testigos incómodos o presionar a sus adversarios. Sus sedes son blanco de coches bomba en Bagdad, sus aviones son abatidos en Sudán, sus representantes son ejecutados en Somalia y secuestrados en el Cáucaso.

Y no hay marcha atrás. Colin Powell lo dejó claro durante la campaña afgana: “las ONG son elementos multiplicadores y parte esencial del equipo de combate de EEUU”. Javier Solana lo hizo en el Forum de las Culturas de Barcelona, donde pidió que “las ONG cambien de mentalidad y se avengan a trabajar con las fuerzas militares”.

Cuando los soldados matan con una mano y desempeñan tareas de socorro con la otra, la ayuda pasa a formar parte de la lógica bélica y el acto humanitario es percibido como un acto de guerra. Ello coloca a los cooperantes en el punto de mira y anula su capacidad de actuación. La verdadera acción humanitaria, independiente y neutral, motivada tan sólo por las necesidades de la población se ha convertido en una especie condenada a la extinción.

- Corrupción: Permitanme que acuse a varias ONG (extracto)

Cronica El Mundo , David Jimenez
número 540
Autor: solidaridad.net - Fecha: 2006-04-04
OBTIENEN millones revendiendo coches. Viven en mansiones de lujo. Hacen fiestas con marisco con la miseria al lado. Durante seis meses el periodista ha observado el delictivo proceder de algunas ONG y lo denuncia para que se ponga fin al descontrol
La guerra, la corrupción y el caos han convertido Camboya es un país en venta. Las niñas se ofrecen en los burdeles de las afueras de la capital por 10 dólares. Los bebés no se adoptan, se compran en redes de tráfico ilegales. Los bosques, las minas, los políticos o los policías tienen su precio. Y estos días, incluso los flamantes coches de algunas ONG tienen colgado el cartel de «se vende».

El negocio funciona así, según revelan a CRONICA fuentes de Cruz Roja en el país asiático: las organizaciones implicadas importan los coches aprovechando las exenciones fiscales por razones humanitarias y los revenden después a precio de mercado. «La diferencia son miles de euros por unidad. El mismo sistema sirve para otros productos de lujo», asegura un cooperante con 15 años de experiencia en el país.

El contrabando de productos es el último abuso en una larga historia de excesos cometidos por el personal expatriado en este rincón del sureste asiático desde su llegada a principios de los 90.Pero ha sido en los últimos dos años cuando el resentimiento de la población ha empezado a dirigirse hacia las ONG y el gueto de opulencia creado alrededor de algunas de ellas. Las mejores mansiones de la capital, Phnom Penh, que no son propiedad de ministros o diplomáticos están alquiladas por ONG que a menudo cuentan con personal de servicio, chófer privado y dinero suficiente para vivir la agitada vida nocturna de la capital camboyana.

Las fiestas que se celebran en Phnom Penh son legendarias. Vino de cosecha, marisco y bailes hasta el amanecer mientras a unos pocos metros lisiados de la guerra civil que destrozó el país en los años 70 y 80 piden limosna arrastrándose por el suelo.«Con poco dinero se puede vivir mucho mejor aquí que en Nueva York, París o Londres», admite un cooperante asiduo de la noche de Phnom Penh, donde varios restaurantes y pubs de moda viven exclusivamente de la clientela de las ONG y los organismos internacionales.

Camboya es, con más de 200 ONG y la mitad del presupuesto del país ligado a la ayuda exterior, el lugar del mundo que recibe más asistencia por habitante. Si mañana desaparecieran las organizaciones humanitarias, la mayoría de las cuales ha prestado una ayuda vital, el sistema sanitario y gran parte de los servicios sociales quebrarían.

El país es un buen ejemplo de la contradicción que vive estos días el mundo de la solidaridad: las ONG tienen más influencia, dinero y capacidad para mejorar los lugares a los que acuden que nunca. A la vez, su imagen se encuentra en el peor momento de su historia debido a los abusos de unas pocas y a los descuidos de no tan pocas.

«¿Se están convirtiendo las ONG en los nuevos colonialistas de Africa?», se preguntaba recientemente el columnista africano Georgianne Nienaber en el diario New Times de Ruanda al expresar el creciente malestar de las comunidades del Tercer Mundo ante los excesos del movimiento humanitario.

Desde Kigali a Bogotá, y desde Vientiane a Kabul, las ONG han perdido la imagen impoluta que les ha seguido allí adonde iban durante décadas y que les ha mantenido inmunes a la crítica. CRONICA ha investigado durante los últimos seis meses las actividades de decenas de ONG en algunas de las zonas más necesitadas del mundo.

El descontrol en los gastos, las peleas por hacerse con proyectos, el proselitismo tanto de organizaciones cristianas como musulmanas, el desequilibrio entre la ayuda ofrecida y la realmente necesaria y la exhibición de un nivel de vida que distorsiona la realidad local se encuentran entre las irregularidades más comunes en los cuatro países estudiados: Afganistán, Sri Lanka, Indonesia y Camboya.

El tsunami que en diciembre de 2004 arrasó las costas del Océano Indico provocó la mayor donación privada de la Historia y llenó las arcas del movimiento solidario como nunca antes, haciendo que modestas organizaciones dispusieran repentinamente de cajas millonarias. Decenas de ellas han sido creadas desde entonces exclusivamente para centrarse en la reconstrucción de los países afectados por el maremoto, muchas sin las garantías mínimas ni sistemas de control sobre el dinero que reciben.

En Banda Aceh, la capital de la arrasada provincia indonesia de Aceh, el precio de las viviendas de los mejores barrios se ha triplicado debido a la competencia de las ONG por hacerse con las casas más grandes y mejor situadas. K. L., un funcionario del Gobierno local, asegura que decidió desalojar a toda su familia después de que una ONG le ofreciera 4.000 dólares al mes por su casa familiar de 200 metros cuadrados. «Con ese dinero hemos alquilado una casa más pequeña y hemos ahorrado, pero otros vecinos tienen el problema de que no pueden acceder a casas por culpa del precio», asegura.

La labor humanitaria en Indonesia, ha devuelto la esperanza a las zonas arrasadas, se ha visto mermada por acusaciones de proselitismo y la inoperancia de grupos que meses después de haber llegado a la zona apenas han iniciado sus trabajos. «Cada vez que les preguntamos cuándo van a empezar nos dicen que están reunidos», protesta T. Gunawan, jefe del arrasado subdistrito de Leupung, en la costa oeste de Aceh.

EL DINERO DEL TSUNAMI
La mayoría de las ONG desplazadas a las zonas devastadas por el tsunami sólo ha gastado una mínima parte del dinero que recibieron. Para el comisario europeo de Asuntos Administrativos, Anti-Fraude y Auditoría, Siim Kallas, ha llegado el momento de poner orden en un mundo que durante décadas ha estado exento de los controles normales en empresas privadas o gobiernos.

«Actualmente una gran cantidad de dinero está siendo dirigida a causas nobles a través de organizaciones de las que sabemos poco», aseguraba el pasado mes de marzo Kallas al recordar que los donantes tienen derecho a saber dónde y cómo se gasta el dinero que entregan.
El tsunami y la avalancha de ONG que se ha desplazado a las zonas afectadas -sólo en Aceh hay más de 500 extranjeras- ha marcado de forma más clara que nunca la línea entre las organizaciones profesionales y aquellas que carecen del compromiso solidario, el personal cualificado o la estructura organizativa para llevar a cabo su trabajo. Una falta de preparación que, en algunos casos, llega a ser surrealista.

Recientemente, estando en Afganistán, un cooperante español llegó al país con cerca de 100.000 euros y se acercó a este corresponsal para preguntar «si sabía dónde podía gastar el dinero» que había recibido en subvenciones públicas. El país al que se refería es, tras décadas de guerra, uno de los tres más pobres del mundo, con un analfabetismo rural que ronda el 80% y una mortalidad infantil que impide que uno de cada cinco niños llegue a cumplir los cinco años.
Los abusos siguen siendo parte de una minoría, pero amenazan el trabajo de otros que, como en el caso de Afganistán, se juegan la vida a diario en sus misiones.

Una duda similar es la que lleva a muchos voluntarios a callar ante los abusos de sus colegas. «Existe una ley del silencio. Nadie quiere hacer público lo que ve por miedo a que pueda verse manchada gente que trabaja honestamente», asegura un veterano activista que ha estado en varios países asiáticos y que asegura encontrarse desmoralizado. «A mí me han pagado billetes en primera para ir a ayudar a un país como Afganistán. Me pasé todo el vuelo pensando a cuánta gente se podía haber salvado con ese dinero», dice.

ATRAER A LOS MEDIOS
Uno de los principales problemas de las ONG es que la mayoría ha perdido la independencia que les otorgaba el apellido de No Gubernamentales. La lucha por hacerse con las subvenciones estatales y los proyectos humanitarios gestionados por los Estados obliga a la mayoría a dedicar una parte importante de su tiempo y de su personal a las relaciones públicas. Rara es la ONG que estos días no invierte una suma importante de su dinero en pagar viajes a periodistas para tratar de que informen de sus proyectos, una práctica que está prohibida por los propios medios de comunicación en países como EEUU pero que se lleva a cabo de forma regular en otros como España.

La consecuencia ha sido una presión por obtener la atención de los medios que puede llegar a afectar su efectividad en situaciones de crisis. El pasado mes de octubre, durante las labores de rescate del terremoto que dejó más de 80.000 muertos en Pakistán, muchos de los helicópteros que debían distribuir ayuda despegaban con menor capacidad de la disponible para hacer sitio a equipos de televisión, prensa y radio.

Lloyd Hanoman, que trabaja en la costa este de Sri Lanka tras el tsunami con la organización Free The Children, asegura haber sido testigo de la creciente competencia entre diferentes ONG por plantar su bandera en proyectos que pueden reportarles cobertura mediática, sea o no necesaria su presencia. «En algunos casos han llegado a las manos», lamenta este cooperante canadiense que se vio sorprendido por las trifulcas que tuvieron lugar en la localidad de Ampara tras el maremoto.

La gran cantidad de dinero recaudada por las ONG en el último año y medio de grandes tragedias choca con los escasos controles de contabilidad y la aparición cada vez más asidua de escándalos financieros. Un estudio del Hauser Center de la Universidad de Harvard asegura que entre 1995 y 2002 más de un centenar de organizaciones no gubernamentales estadounidenses se vieron implicadas en actividades criminales.

El senador estadounidense Charles Grassley ha impulsado en EEUU un paquete de normas destinadas a las ONG y cuya base son los códigos de conducta que ya se aplican a las grandes corporaciones americanas tras el escándalo Enron. Para Grassley, el tsunami y la reconstrucción de las zonas afectadas ha puesto de manifiesto la capacidad de reacción y asistencia de las ONG, pero también la necesidad de reinar sobre el caos y la falta de garantías que rigen entre las más de 60.000 organizaciones registradas en todo el mundo.

Los defensores de las medidas aseguran que el objetivo no es limitar las actividades de las ONG, sino evitar que, como en el caso de Camboya, lo que empezó como un proyecto solidario pueda terminar por convertirse, en algunos casos, en un concesionario de coches todo terreno.

- Cuando una ONG se atreve a denunciar la corrupción de las ONGs

04.10.06 16:15. Archivado en Africa
blogs.periodistadigital.com

(PD).- No es la primera vez que se dice que parte del dinero entregado a las ONG "se pierde por el camino". Pero esta vez es rock duro. Y en forma de vídeo. Los autores son los voluntarios de Africa Directo y la pelicula es demoledora.

No es la primera vez ni se trata de un caso aislado. Ahora son los de Africa Directo, que andan ya un poco asustados ante la polverada que han levantado y anuncian que retirarán el vídeo. Pero hace apenas seis meses, fue David Jimenez, corresponsal en Asia de El Mundo.
Y antes fue Ramón Lobo, periodista estrella de El País. Y como todos ellos, bastantes los reporteros, corresponsales de guerra y solidarios que denuncian algo inaudito: tras la dulce pantalla de la solidaridad y la entrega de las ONG, se esconde en ocasiones la corrupción, la rapiña y la falta de vergüenza.

El reportaje de David Jiménez en El Mundo trajo cola. Esto son algunos fragmentos:

  • "«¿Se están convirtiendo las ONG en los nuevos colonialistas de Africa?» se preguntaba recientemente el columnista africano Georgianne Nienaber en el diario New Times de Ruanda al expresar el creciente malestar de las comunidades del Tercer Mundo ante los excesos del movimiento humanitario (...)
  • Las fiestas que se celebran en Phnom Penh son legendarias. Vino de cosecha, marisco y bailes hasta el amanecer mientras a unos pocos metros lisiados de la guerra civil que destrozó el país en los años 70 y 80 piden limosna arrastrándose por el suelo.«Con poco dinero se puede vivir mucho mejor aquí que en Nueva York, París o Londres», admite un cooperante asiduo de la noche de Phnom Penh, donde varios restaurantes y pubs de moda viven exclusivamente de la clientela de las ONG y los organismos internacionales. (...)
  • El descontrol en los gastos, las peleas por hacerse con proyectos, el proselitismo tanto de organizaciones cristianas como musulmanas, el desequilibrio entre la ayuda ofrecida y la realmente necesaria y la exhibición de un nivel de vida que distorsiona la realidad local se encuentran entre las irregularidades más comunes en los cuatro países estudiados: Afganistán, Sri Lanka, Indonesia y Camboya. (...)"

A raíz del reportaje de David Jiménez, muchas personas vinculadas a las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) se quejaron de los "efectos perniciosos" que pueden tener esas críticas. Clamaron contra la "generalización" y pidieron un prudente manto de silencio, argumentando que la gran mayoría de ONG "desarrollan un trabajo encomiable".


¿HAY QUE DENUNCIAR O ES MEJOR CALLARSE?
Ahora, con Africa Directo, se repite la película.¿Hay que denunciar? Por supuesto, siempre. Sin embargo hay una gran diferencia entre denunciar organizaciones concretas por hechos concretos demostrados, y lanzar la acusación al aire, caiga quien caiga.

No es difícil saber qué ONG han sido denunciadas por auditores, todo consta, pero las hay limpias, que ayudan y cumplen con lo que se han comprometido.

Sin embargo, esta ONG que se presenta como honesta, ha decidido captar socios cargando contra el resto de ONG, como si esto de ayudar desinteresadamente fuera una competición en la que una asociación tenga que ganar a la otra.

Algunos pensábamos que el objetivo era prestar ayuda desinteresada, no vender un producto de marca con ánimo de lucro, que es exactamente la impresión que da este anuncio de África Directo. En el vídeo se ve un 4x4 nuevo, imponente por un desierto africano, mientras una voz en off habla de sus fantásticas cualidades. Finalmente, se abre la puerta del todoterreno, en la que figura el logo de una ONG cualquiera, y salen de él dos cooperantes vestidos de lo más "camel trophy". El mensaje final lo dice todo:


"Según informes económicos más del 20% de los gastos de algunas ONGs son por causas ajenas a sus proyectos humanitarios"

Lo que tampoco dice esta ONG es si considera ajena a un proyecto humanitario una campaña de concienciación o captación, en la que se gasta dinero, sí, pero gracias a la cual se consiguen nuevos socios que ayudan, en definitiva, a financiar proyectos de ayuda. Tampoco dicen si consideran gasto ajeno a un proyecto humanitario el pago a verdaderos profesionales que hacen que los proyectos que se llevan a cabo sean serios y eficaces. Lo explicaba con claridad Ramón Lobo en cierta ocasión:

"La profesionalidad es muy importante: para desarrollar proyectos a largo plazo es fundamental contar con profesionales. Por ejemplo, para acometer una obra de envergadura en Malawi puedes necesitar a un Ingeniero Agrónomo, y eso se paga, no interesa tener a un becario al cargo del proyecto. Y es evidente que no puedes sacar del mercado laboral a una persona y llevarle a este país sin ofrecerle una compensación adecuada. Si esta persona hace bien su trabajo y, además, enseña a cuatro o cinco trabajadores locales, su sueldo habrá resultado barato".

En definitiva, y como ya ocurrió cuando El Mundo publicó un reportaje parecido el pasado mes de marzo, la preocupación de las ONG fue, en palabras de la vocal de Comunicación de la Coordinadora de Organizaciones no Gubernamentales, Marta Arias:

"A la coordinadora y las ONG nos preocupa que se puedan producir prácticas como las descritas en el reportaje de El Mundo. Pero son tan graves las acusaciones que es importante que el periodista puntualice más y hable de casos concretos. Si no, hace un flaco favor a todos los que trabajamos por el desarrollo al dar la sensación de que esas prácticas son algo generalizado".

El riesgo está en la generalización, y así lo expresó Félix Fuetenegro, director de la Federación de Medicus Mundi. A su juicio, con estos reportajes se echa por tierra todo el trabajo realizado por las organizaciones para ganarse la confianza del ciudadano:

"Las organizaciones no gubernamentales nos hemos agrupado en coordinadoras para avanzar en la transparencia y en las buenas prácticas. Pasamos varias auditorias internas y externas con el fin de rendir cuentas de nuestra gestión. Al redactor de este artículo le pedimos que si conoce casos de malas prácticas, lo lógico es que los denuncie con nombres y apellidos para que esos casos concretos no perjudiquen a todo el sector".

Si lo que a uno le preocupa es saber dónde va a parar su dinero, la respuesta está clara. Ya existe control financiero: "el problema es controlar que su actuación sea correcta"
A este interrogante responde la Fundación Lealtad, de la que Mercedes Guinda es directora de comunicación y marketing. Es una iniciativa que nació en 2001 y fue promovida
"por un grupo de particulares que querían donar, pero que no tenían información sobre las distintas ONG".

De este modo, se encargan de desarrollar informes voluntarios y gratuitos sobre las diversas organizaciones para que conozcan cómo desarrollan su trabajo. Así, según asegura Guinda, "resolvemos dudas acerca del origen de las ONG, sobre cómo se financian".

- ONGs y corrupción

“Nos inoculan una sobredosis de ese mal de Occidente heredado del cristianismo que es la culpa existencial, para luego ofrecerse como el analgésico más eficaz. Una pastillita de ONG todos los meses, y su conciencia no volverá a dolerle.”
José Carlos Rodríguez
Columna publicada el 08-04-2007 en: http://www.libertaddigital.com/


En los últimos días hemos sabido de la corrupción dentro de dos ONGs solidarias. Anesvad siempre ha jugado con el escándalo para promoverse, como cuando creó una "web trampa" de prostitución infantil. Protagonizó una campaña típica de las ONGs, insultando a los espectadores, en la que un hombre blanco y solidario se tapaba con una careta de Lady Di preguntándonos: "¿Te lo tiene que pedir alguien como ella para que reacciones?". ¡Qué llamada más brutal a la propia honestidad! Hoy sabemos que su presidente ha convertido a la ONG en Sodoma y Gamarra. Está claro que, para ser del todo honesta, a quien debió poner en los anuncios era su presidente, que es de los que piensan que la solidaridad bien entendida comienza por uno mismo.

Ingresa en prisión el presidente de Anesvad tras ser acusado de un
delito de apropiación indebida de fondos

El presidente de la ONG Anesvad, José Luis Gamarra, ingresó en la madrugada de este domingo en prisión, después de declarar durante varias horas ante la juez de Guardia, por su presunta implicación en un delito de apropiación indebida de fondos de la citada organización. Según confirmaron fuentes jurídicas, la causa está bajo secreto de sumario. Gamarra fue detenido el pasado jueves en Bilbao tras una denuncia interpuesta por una persona relacionada con la citada ONG. Esta organización no gubernamental maneja un volumen anual de más de 35 millones de euros provenientes en su mayoría de donaciones y aportaciones de socios. Además, la sede de la organización fue registrada durante horas en la calle Henao.

Intervida, "aconfesional, apartidista, independiente", ha independizado una partida inconfesable de 45 millones de destino previsto hacia destinos más lucrativos como El Roure Construcciones, Argentina Inmobiliaria o (que no decaiga el humor) "Enriquecidos" Lácteos. Todo ello según los datos que maneja la Fiscalía Anticorrupción.

La corrupción es parte de la naturaleza humana y el hecho de que estas organizaciones hayan elegido como reclamo objetivos loables como acabar con la prostitución infantil o con la pobreza en el mundo (siempre es bueno hacer grandes promesas si quieres rascarle el bolsillo a la gente), no impide que ese negro rasgo de nuestro comportamiento aparezca en una ONG como en cualquier otro lugar.

Pero claro, es que ellos piden dinero en nombre de la ética. Nos inoculan una sobredosis de ese mal de Occidente heredado del cristianismo que es la culpa existencial, para luego ofrecerse como el analgésico más eficaz. Una pastillita de ONG todos los meses, y su conciencia no volverá a dolerle. El problema es que el sistema es corrupto. El donante quiere un poco de calma para su conciencia y se contenta con entregar un dinero periódicamente. Como además (aunque esto no lo sabe) no ha hecho objetivamente nada malo ni su vida contribuye a los males del mundo, no hay nada que pueda hacer o dejar de hacer que sea más fácil, y más efectivo para su conciencia, que dar dinero. Pero no tiene ni tiempo ni ganas de investigar qué ha sido, en realidad, de su dinero. La única fuente de la que le llega algo de información sobre el destino de su dinero es la propia ONG, la que se lo pide. Más analgésico. Afortunadamente, nos queda al menos la posibilidad de elegir entre las que inspiran más y menos confianza.

- Las ONL ante la ciudadanía: comunicar para ser transparentes

Autor José María Herranz
Articulo publicado en:
www.asociaciones.org

Cada día es mayor la relevancia y la influencia de las organizaciones no lucrativas en la sociedad. Según las encuestas son las organizaciones que gozan de mayor confianza en una gran mayoría de países del mundo. Son entidades que proponen modelos alternativos de sociedad, fomentan el debate social, adelantan propuestas innovadoras, suplen carencias sociales, protegen la calidad de vida, aportan voces diferentes, actúan como grupos de presión; son en definitiva, un termómetro social que mide la adecuación o la inadecuación de las políticas impulsadas por los gobiernos, las organizaciones supranacionales o las empresas.

Sin embargo, ese liderazgo de confianza y credibilidad se está perdiendo debido a la falta de transparencia del sector...

Los casos de corrupción, estafas, lucha de poder, fraudes, mala gestión y crisis que se han producido durante los últimos años —Asociación Española Contra el Cáncer (1998), Fundación ANDE (2000), Fundación Sabera (2002), Comité Español de UNICEF (2003) o Gescartera (2004)—, y que han vuelto a aparecer en los últimos meses en organizaciones como ANESVAD e INTERVIDA, están evidenciado la falta de transparencia del sector no lucrativo. Este hecho está provocando que la confianza de los ciudadanos en las ONL esté descendiendo progresivamente, y que la percepción e imagen pública sea deficiente, genere estereotipos, falsas ideas y desconocimiento.

En España, la imagen del sector no lucrativo fluctúa entre un alto nivel de confianza, frente al resto de instituciones, y el desconocimiento sobre la gestión de los fondos que realizan. Entre su poder e influencia para presionar cuando se toman decisiones políticas y legislativas, y los estereotipos e ideas sesgadas que desfiguran sus actuaciones. Entre el reconocimiento público de su labor y su falta de eficiencia, eficacia y calidad en el desarrollo de sus proyectos. Entre el compromiso solidario manifiesto del sector y la aparición de noticias relacionadas con abusos, conflictos, crisis y corruptelas puntuales que aparecen en los medios, que son objeto de noticia por ser la excepción y que perjudican al sector en su conjunto.

Desde la crisis empresarial de ENRON en el año 2001 y los ataques terroristas del 11-S en Nueva York en ese mismo año, la desconfianza, la inseguridad y la incertidumbre se han adueñado del panorama mundial en muchas facetas de la vida cotidiana (Y ahora con los casos de las quiebras de los bancos o la corruptela de espionaje de la Comunidad de Madrid). La transparencia y la confianza se han convertido en valores emergentes y cada día más relevantes para la sociedad frente a la falta de ética, malas prácticas o casos de corrupción de algunas empresas, gobiernos y organizaciones no lucrativas.

Las ONL juegan cada día sobre la cuerda floja de la confianza y la legitimidad de los públicos. Esta cuerda floja puede ser más estable si la confianza y la legitimidad están fundadas bajo los pilares de un trabajo diario eficiente, ético y una comunicación para la transparencia.

Comunicar para ser transparentes
La gestión de la comunicación en las organizaciones es un recurso estratégico poco implantado en las ONL españolas. En ocasiones, resulta paradójico pensar que muchas personas opinan y creen en la importancia de la comunicación, y sin embargo, la realidad contrasta con los escasos recursos que se invierten para potenciarla. ¿Por qué? Quizás porque dentro del área de la comunicación hay que desterrar todavía algunas falsas ideas o prejuicios, que provocan la escasa utilización de este recurso por parte de las ONL, como que (Herranz de la Casa):
  • La gestión de la comunicación es sólo un gasto y no una inversión.
  • Gestionar la comunicación es caro porque se asocia sólo con la publicidad.
  • La comunicación se limita a editar una revista para el trabajador o socios que, en muchos casos, apenas se lee.
  • La formación en comunicación no es necesaria, todas las personas saben comunicarse.

En este momento de progresiva pérdida de confianza del sector y de escasa implantación del área de comunicación en las organizaciones no lucrativas, la gestión de la comunicación puede convertirse en una estrategia válida para mejorar la transparencia.

La transparencia se presenta como un comportamiento que debe formar parte de los elementos identitarios de cada organización —misión, objetivos, ideología, cultura—, del desarrollo eficaz, eficiente y responsable de sus proyectos —calidad, profesionalidad, ética—, y de los procesos de relación con todos sus grupos de interés —información, participación, debate, intercambios, compromiso, educación, etc.—

Desde esta perspectiva, si una ONL multiplica el valor de la Transparencia, entendida como comportamiento diario, por la Comunicación como estrategia y herramienta de gestión, el resultado puede ser: la mejora de la imagen y la notoriedad pública a corto plazo; el fortalecimiento de la confianza y la credibilidad a medio plazo; y a largo plazo, la consolidación de una reputación como reconocimiento de todos los ciudadanos.

Para ello, la ONL debe asumir una filosofía de “comunicar para ser transparentes”, que se fundamente sobre cuatro pilares:

  1. Ampliar el concepto de transparencia más allá de lo puramente económico, ya que se manifiesta en otras áreas importantes como: administración y finanzas (control de los fondos); organización y dirección (eficacia y eficiencia); ética y responsabilidad social (misión e independencia); comunicación (calidad y cantidad de la información); ideología (valores y creencias) o la participación (grado de implicación de los grupos de interés).
  2. Planificar e implantar estrategias de comunicación que consideren a los públicos de la ONL tanto emisores como receptores de la transparencia, puesto que son ellos los principales deudores de confianza y apoyo. Y asimismo realizar una comunicación segmentada a los distintos públicos de la organización dependiendo de sus necesidades y su participación como emisores.
  3. Aprovechar las nuevas tecnologías e Internet como una herramienta de comunicación y transparencia de bajo coste que permite un diálogo y una relación rápida, directa, interactiva y masiva.
  4. Hay que destacar el papel de la comunicación en los momentos de crisis, ya que ninguna organización está exenta de conflictos. Por eso, hay que saber plantarles cara y establecer los parámetros para afrontar comunicativamente estas situaciones donde aumenta el riesgo de pérdida de confianza y reputación.

- El reto de la comunicación en el tercer sector no lucrativo

THE CHALLENGE OF COMMUNICATION IN THE NON-PROFIT THIRD SECTOR
Montserrat Balas Lara . Directora General adjunta Fundosa Social Consulting S.A., Fundosa Social Consulting S.A. Fundación ONCE
Articulo publicado en:
www.fundacionluisvives.org

Resumen
Este artículo tiene por objeto el poner en valor a la comunicación como la herramienta estratégica fundamental para visibilizar el papel relevante y el verdadero peso específico que tiene el tercer sector no lucrativo ante la administración, el tejido empresarial y la opinión pública en general.
Los recientes escándalos acontecidos en el seno del tercer sector social, han puesto en entredicho la legitimidad de las entidades que lo integran y el verdadero valor añadido que aportan estas organizaciones al conjunto de la sociedad. El problema radica en que las entidades del tercer sector son percibidas de manera difusa por sus diferentes públicos de interés, como consecuencia de su falta de transparencia y de su deficiente gestión de la comunicación, lo que supone un claro inconveniente a la hora de alcanzar los objetivos socioeconómicos que persiguen.


La confianza social es el pilar sobre el que se fundamenta la razón de ser, la justificación y la actividad de las entidades del tercer sector. La aprobación y la alabanza de las virtudes de las organizaciones del tercer sector parece ser cosa del pasado. Y así, el escrutinio actual sobre su actividad y sus resultados está reemplazando la mirada benevolente y la fe ciega que se tenía hacia el sector en tiempos pasados. Por todo ello, la aportación que realizan las organizaciones que lo integran para solucionar los crecientes problemas de equidad, pobreza, exclusión social y destrucción ambiental, si bien sigue siendo reconocida, es hoy en día examinada de forma más crítica y realista demandándose cada día más sistemas de rendición de cuentas o accountability basados en una comunicación transparente de las ONG hacia sus diferentes públicos de interés.

Autor/es
Montserrat Balas Lara
Directora General adjunta Fundosa Social Consulting S.A. Fundosa Social Consulting S.A. Fundación ONCE
Montserrat Balas es Licenciada en Ciencias de la Información, en la rama de Publicidad y Relaciones Públicas (U.C.M); Master en Comunicación política y electoral (U.A.B.); Master en Gestión Publicitaria (U.C.M.); Master en Gestión y Dirección de Empresas (F.S.C), y Postgrado del Programa de Perfeccionamiento Directivo PDD del IESE (Universidad de Navarra). Ha desarrollado tareas de técnico de audiencias en Onda Cero, técnico de gabinete del Director General en el grupo Fundosa, coordinadora del Gabinete técnico del Director General Adjunto de la ONCE, Directora de R.R.H.H. de la Fundación ONCE y del Grupo Fundosa y Directora de Cooperación institucional de la Fundación ONCE.


Recientemente, ha sido nombrada Directora General adjunta de Fundosa social Consulting S.A. En el ámbito social, es Asesora técnica de la Comisión de la Mujer del CERMI y ha sido Asesora técnica de la Plataforma de ONG de acción social. Es miembro de la Asociación de Directivos de Comunicación (DIRCOM) y de la Federación española de mujeres directivas y empresarias (FEDEPE). Actualmente está finalizando su tesis doctoral en la Universitat Jaume I de Castellón sobre la comunicación del tercer sector.

1. INTRODUCCIÓN
El presente artículo está compuesto por cinco fragmentos, en los que se abordan de manera pormenorizada los desafíos ante los que se enfrenta el tercer sector no lucrativo para mejorar de forma efectiva la imagen que proyecta ante sus públicos de interés. A lo largo de las dos primeras partes se realiza una descripción detallada de los elementos que a juicio de la autora configuran las causas del problema de imagen y desconfianza por el que atraviesa el tercer sector. En el tercer epígrafe, por su parte, se analiza el papel que juegan las fórmulas de financiación del sector en todo el proceso de construcción de imagen del mismo. Finalmente, en la cuarta parte del artículo se pone de manifiesto la relevancia que cada día más esta adquiriendo la implementación de estrategias de comunicación segmentadas por parte de las entidades que componen el tercer sector, para mejorar la reputación del mismo. El artículo finaliza con un bloque de reflexiones, que a modo de conclusión, explicitan el reto que constituye para las organizaciones del tercer sector el desarrollo de una adecuada estrategia de comunicación.

2. LA IMAGEN DEL TERCER SECTOR NO LUCRATIVO
La credibilidad y reputación del tercer sector no lucrativo se ha visto mermada en los últimos meses en buena parte por la imagen que se transmite del mismo a través de los medios de comunicación. En esta primera parte del artículo se analiza cómo mejorar en transparencia es la fórmula adecuada para transmitir una imagen más positiva del sector y recobrar la confianza perdida.

Tras haber conseguido, no sin poco esfuerzo de estas organizaciones, obtener una alta presencia en espacios de diálogo de políticas, su legitimidad para hablar en nombre de otros y representarlos, se cuestiona con más frecuencia, al igual que se señalan los peligros de la desconexión entre estas organizaciones y sus bases sociales. Esta mirada crítica ha contribuido a una creciente demanda de rendición de cuentas al sector, tanto por sus resultados, como por su responsabilidad política y su transparencia hacia el público.

Con titulares tan elocuentes como Más transparencia [1], La sombra de la duda se cierne sobre la solidaridad o Lucrativa miseria, arrancábamos el segundo trimestre del año. Titulares que reflejaban un secreto a voces: la falta de transparencia de las organizaciones del tercer sector y la falta de confianza en su gestión.

Así es, la reputación de las organizaciones no lucrativas está siendo objeto de debate en España a causa de la reciente detención del máximo responsable de una conocida ONG y de la investigación realizada a una renombrada fundación por presuntos desvíos de fondos para apadrinamientos de niños. Estos dos acontecimientos han sacado a la palestra el tema de la falta de transparencia del tercer sector de acción social. Una falta de transparencia que está repercutiendo negativamente en la imagen que tiene la opinión pública del mismo, ya que se percibe una pérdida de credibilidad y una desconfianza en su labor, lo cual puede derivar en una disminución en la obtención de recursos económicos, que se traduzca en dificultades económicas para estas entidades al desarrollar los proyectos que gestionan.

La situación es tan crítica que incluso algunas ONG se han atrevido a denunciar las malas prácticas de otras ONG a las que atribuyen un excesivo acercamiento al sector empresarial, al considerar que ello repercute en una progresiva mercantilización de la imagen del sector, fruto de la nueva tendencia de colaboración con las empresas bajo el marco de políticas de responsabilidad social corporativa (RSC).

Por su parte, la gran mayoría de la opinión pública identifica a las ONG como competitivas entre ellas mismas, sobre todo por la captación de fondos, un recurso escaso. Asimilan a sus dirigentes con empresarios sin escrúpulos, sin unidad dentro del sector. Incluso la presencia mediática de las ONG genera desconfianza, debido en gran medida a determinadas campañas publicitarias muy notorias y agresivas que provocan mucho impacto, y al mismo tiempo influyen negativamente en la imagen global del sector. A veces tampoco ayuda mucho el tratamiento que de los temas sobre ONG se da por parte de los medios de comunicación, que a menudo exageran o victimizan las acciones de estas entidades, ofreciendo la cara más cruel de su actividad.

En cuanto a la efectividad de las actividades de las ONG, las opiniones están encontradas. El debate gira en torno al concepto de lo que se entiende por una acción eficiente de las entidades, considerando que la autentica misión y el verdadero valor añadido de estas organizaciones consiste en lograr el empoderamiento de los colectivos a los que se dirigen, es decir traspasar el poder, los conocimientos y el saber hacer a los que no lo tienen, más que hacerlo por ellos. Al fin y a la postre esta será la única forma de lograr un resultado sostenible en el tiempo y una verdadera efectividad en sus actuaciones.

Un análisis DAFO desarrollado por el profesor Carlos Jiménez Romero, de la Universidad Autónoma de Madrid sobre la imagen de las ONG que se transmite a través de los medios de comunicación, nos traslada la idea de que el tratamiento que se realiza en los medios sobre las ONG en la mayoría de casos resulta ser deficiente al facilitarse información excesivamente puntual, poco analítica y muy superficial sobre el asunto tratado.

  • Imagen de las ONG que se transmite a través de los medios de comunicación. Un análisis DAFO
    FORTALEZAS DE LA IMAGEN
    - Las ONG se perciben en la sociedad española como una de las entidades sobre las que merece sentir orgullo.
    - Son un modelo de referencia positiva.
    - Son necesarias.
    - Complementan en muchos casos a la Administración.
    OPORTUNIDADES DE LA IMAGEN
    - Presentar una imagen real de colectivos desfavorecidos y de situaciones precarias.
    - Avanzan en transparencia.
    - Expresión de nueva ciudadanía.
    - Espacios de interculturalidad.
    - Experiencias e instrumentos de convivencia interna y externamente.
    DEBILIDADES DE LA IMAGEN
    - Victimización del sujeto de la ayuda.
    - Negativismo respecto a los sujetos y a los fenómenos.
    - Ser competitivas entre ellas.
    AMENAZAS O RIESGOS EN CUANTO A LA IMAGEN
    - Idealización, falta de realismo de la historia tratada.
    - Mistificación, ilusión de que pueden arreglar todas las injusticias.

    Fuente: elaboración propia a partir de los datos del profesor Carlos Jiménez Romero, de la Universidad Autónoma de Madrid en la Jornada Debate de la Plataforma de ONG: El valor de la comunicación en el tercer sector (Madrid, 2005).

Ante la afirmación de que el tercer sector social está en crisis, distintas voces dentro del mismo opinan que muchas acusaciones que se realizan son partidistas y que pretenden desprestigiar a asociaciones vinculas a partidos políticos, de cara a las próximas elecciones. En concreto desde algunos blogs del sector consideran que esta súbita atención hacia el tercer sector desde los partidos políticos y los medios de comunicación es tan repentina como pasajera.

La investigación académica, por su parte, se mantiene al margen, pero cada día pone más en duda las supuestas bondades del tercer sector, como algo general al conjunto de sus organizaciones y reclama el desarrollo y la implantación de sistemas múltiples de rendición de cuentas o "accountability" que orienten la mejora de la efectividad de las organizaciones del sector.

No olvidemos que el tercer sector tiene en la sociedad su objeto y su objetivo, por lo tanto la imagen que se proyecta sobre ella es esencial para mantener su propio vitalismo y el apoyo de las instituciones y de la ciudadanía. Cada vez más, se va tomando conciencia de la importancia de la imagen tanto ante la opinión pública como ante las administraciones públicas y el sector empresarial.

Tomando como referencia la definición de imagen que realiza el profesor Justo Villafañe (2003) y extrapolando el concepto al tercer sector, distinguiríamos entre tres dimensiones de la misma que tienen que ver con lo que el sector es, lo que él dice de sí mismo que es y lo que los públicos que se relacionan con él creen que es. De esta manera, identificamos dichas dimensiones, respectivamente, como la identidad propiamente dicha (el ser del sector), la comunicación que el sector hace de su propia identidad (imagen intencional), y finalmente, el resultado de dicha comunicación en términos de imagen percibida por los públicos.

A partir de este mismo planteamiento podemos afirmar que la imagen de una organización sin ánimo de lucro debe estar basada como mínimo en tres hechos. En primer lugar, debe basarse en la propia realidad de la organización, en lo que la ONG hace día a día, puesto que está sobradamente demostrado que las imágenes de laboratorio no dan buen resultado a largo plazo. El segundo hecho diferenciador, es que en la imagen transmitida por la organización deben prevalecer los puntos fuertes de la misma. Ello implica una adecuada gestión de la comunicación para sacar a la luz y capitalizar los resultados de la ONG, con el fin de propiciar una correcta imagen intencional. El tercer aspecto a destacar es que no se trata sólo de trabajar sobre la cultura corporativa de la organización, la identidad o la comunicación, sino que debe tenerse en cuenta que en definitiva todo comunica, y por lo tanto el manejo de las áreas funcionales de la organización y de sus directivos e integrantes tiene un impacto directo sobre la imagen.

De esta forma, cuanto menor sea la distorsión entre lo que la organización es (Identidad), lo que la ONG comunica (Imagen Transmitida o intencional) y lo que el público percibe (Imagen Pública), mejor será la gestión de la comunicación que realiza la organización y mayor será su nivel de transparencia.

Además de lo anterior, en este proceso de transmisión de imagen veraz a través de la gestión de la comunicación se deben conjugar eficazmente dos elementos que complican aún más si cabe el proceso: lo que los medios de comunicación transmiten en su papel de intermediarios de la realidad bajo el tamiz de sus puntos de vista. Y las experiencias, relaciones, creencias, expectativas, prejuicios e ideas, tanto positivas como negativas, que existen en cada contexto concreto, es decir, la comunicación no controlada que se transmite a través de los públicos internos (comentarios, rumores, etc.).

Y es que la mejor arma que tiene el tercer sector para mejorar su posicionamiento en la mente de sus stakeholders es la transparencia, entendida como la capacidad de una ONG de mostrarse a sus públicos y de que estos puedan conocer y participar en el trabajo de la organización. No en vano, la transparencia es uno de los valores y comportamientos que permiten generar confianza y construir una adecuada reputación a largo plazo para el sector.

Pero es importante resaltar que la transparencia en el marco del tercer sector de acción social no es un atributo más, es una actitud, una manera de concebir y hacer las cosas, un comportamiento holístico que aplica a todas las áreas de trabajo de la organización, inherente a su propia actividad, que se demuestra día a día con su trabajo.

Este comportamiento transparente no sólo debe suponerse a cualquier organización, sino que, como apunta Vernis (2001:36-37), hay varias razones por las que las ONG deberían impulsar especialmente su transparencia:

1. Porque es un valor intrínseco a su manera de actuar.
2. Porque les permite tener una base social amplia y comprometida.
3. Porque les obliga a medir el resultado de sus actuaciones.
4. Porque les permite compararse con otras organizaciones parecidas.
5. Porque ayuda a los líderes a velar por el cumplimiento de la misión de la organización.

Por lo tanto, la transparencia es un factor clave para que las ONG generen confianza en aquellas personas o instituciones que les confían sus recursos.

En un reciente estudio realizado por Espace exchange IRCO –IESE (2007) sobre los retos en la financiación de las ONG, se pone de manifiesto el hecho de la importancia de las auditorias como herramienta para gestionar este proceso de confianza. En esta misma encuesta, casi un 40% (69 entidades) declara que su entidad ha sido auditada. Por tanto y teniendo en cuenta los escasos recursos con que cuentan estas organizaciones, parecería que en este terreno se está mejorando. Aunque las ONG de menor tamaño y, por tanto con menos recursos, no puedan implementar una auditoría externa, existen otras herramientas como la publicación de la memoria anual que les permite dar a conocer la procedencia y el destino de los recursos de la organización.

Queda de manifiesto en esta investigación, por tanto, que la transparencia es un tema de cultura organizativa básico para la sostenibilidad de las organizaciones del tercer sector, que deben acometer tanto órganos de gobierno como la propia dirección de la entidad. El sector no lucrativo debe dar un paso más allá y adelantarse a lo que la sociedad o administraciones puedan reclamar en el ámbito de la transparencia para incrementar la confianza en las entidades que lo integran.
En este escenario, la transparencia se configura como un valor creciente y diferenciador de las organizaciones más vanguardistas, entre las que deben ubicarse sin ninguna duda las entidades del tercer sector. Un valor que indefectiblemente debe formar parte de la cultura y la identidad de todas las organizaciones para contribuir a mejorar la credibilidad, la reputación y la confianza que la opinión pública, la administración, el sector empresarial y los medios de comunicación tengan en cualquier organización del tercer sector.

3. LA CONFIANZA EN LAS ENTIDADES DEL TERCER SECTOR
En este apartado se pone de manifiesto la importancia de la imagen en el proceso de generación de confianza y de obtención de legitimidad del sector, ofreciéndose diferentes enfoques y opiniones fruto de distintas investigaciones sobre la confianza que la sociedad deposita en el mismo.

La confianza y la legitimidad del tercer sector de acción social depende en última instancia de la imagen percibida por cada uno de sus públicos de interés de las ONG y así, como exponen García y Ramírez, en las organizaciones no lucrativas “sirven de muy poco costosas campañas de comunicación, si la imagen que pretenden crear, reforzar o modificar, no se ve confirmada por la práctica del día a día.” (García y Ramírez, 2001:12).

En general, en España la confianza en las ONG es buena con respecto a otras instituciones y así lo demuestran diferentes estudios acometidos en esta línea. Según el I Barómetro sobre la Imagen de la Abogacía en la sociedad española, las ONG[1] ocupan el segundo lugar con 3,71 puntos sobre 5 en el ranking de credibilidad, que mide el grado de confianza que las diferentes instituciones y estamentos les merecen a los españoles. En primer lugar está el Rey (3,79) y le siguen las emisoras de radio (3,58), la Policía y Fuerzas de seguridad (3,54) y seguridad social (3,29). En el último lugar están los políticos (1,86), los partidos políticos (1,89), la televisión (2,37), el gobierno (2,45), los bancos (2,47) y los sindicatos (2,53).

Por otro lado, según el estudio que analiza el perfil del donante español de una ONG, realizado por la Asociación de Organizaciones no Gubernamentales usuarias de Marketing Directo (AOMD)[2], sólo el 11% de los encuestados afirma no confiar en las ONG. Este dato muestra que son pocas las personas que no confían en este tipo de organizaciones. Sin embargo, la confianza está dividida en varios tipos de organización: el 43% de la población prefiere realizar donaciones a ONG grandes, de carácter internacional, dedicadas a varias causas y con capacidad de presión política. Mientras que otro 29% simpatiza con las organizaciones vinculadas a la Iglesia y el 28% restante prefiere que las ONG sean locales.

Otro estudio realizado por Pérez-Díaz y López (2003:206) pone de manifiesto que cuando se pregunta en general, sin compararlo con ninguna otra institución, sobre la confianza en las ONG, los porcentajes de desconfianza relativa (respuesta «Poco») son más significativos.

Esta desconfianza de la sociedad española, como señala Núñez (2002:25), se produce normalmente a causa de las acciones de marketing social y debido a la construcción de la imagen que realizan los medios de comunicación, ya que muchas personas sólo conocen a las ONG a través de ellos. Estos hechos ponen de manifiesto la necesidad fundamental de control de los mensajes que aparecen (imagen intencional) y el fomento de la comunicación directa a través de los propios dirigentes de la organización que hará que su imagen sea percibida como más honesta y sincera.

Finalmente indicar que sobre las ONG sobrevuelan algunos mitos negativos como por ejemplo que estas entidades son la tapadera de formas de lucro personal ó que estas organizaciones tienen una imagen de opacidad y falta de control en sus actividades económicas. En muchas ocasiones, estos mitos se perpetúan por la debilidad en materia de comunicación que la mayoría de las ONG tienen.

4. EL PROBLEMA DE LA FINANCIACIÓN DE LAS ENTIDADES NO LUCRATIVAS
En el siguiente apartado se examina el peso que el tercer sector ha adquirido en los últimos años en la economía española. Gran parte de ese crecimiento ha venido propiciado por el incremento de la financiación con la que cuenta el sector, sin embargo esto no ha venido acompañado de una mayor transparencia en la gestión de los fondos por parte de las ONG y tampoco de un mayor control por parte de la Administración.

El tercer sector, y concretamente el tercer sector de acción social, ha experimentado en los últimos años un crecimiento espectacular, tanto en relación al volumen como a su incidencia social, debido en gran medida a que cada vez ha ido encontrando en la sociedad y en el sector público mayor receptividad, quizás porque la sociedad es cada vez más demandante de servicios. Sus fondos han aumentado en conjunto, es decir, el volumen económico que representa el tercer sector (y el tercer sector de acción social) en la renta nacional ha aumentado considerablemente.

Según el estudio de García Delgado, Las cuentas de la economía social. El tercer sector en España (García Delgado et ál, 2003a) el peso del tercer sector en el contexto de la economía española es muy notable ya que asciende al 6,1 % del empleo asalariado (el 5,5% en términos equivalentes dada la mayor parcialidad del empleo) y al 3,9% de la remuneración de los asalariados de la economía española, lo que revela unos niveles medios de salario dentro del tercer sector inferiores a los promedios nacionales, particularmente en las Asociaciones. Si contamos con la aportación de los voluntarios en términos equivalentes al empleo remunerado a tiempo completo, elevaría hasta cerca del 9% del empleo asalariado total la magnitud laboral del tercer sector en España y del 10% incluyendo las Cajas de Ahorro.

El predominio del sector público como fuente principal de los ingresos del sector es señalado por distintos estudios (Pérez Díaz y López Novo, 2003; Salamon, et ál., 2001). La evidencia acusa una excesiva dependencia de la financiación pública, que se canaliza a través de subvenciones, convenios y contratación pública de servicios, aunque esta última tiene menor peso en el conjunto de la financiación pública.

El sobrepeso de la financiación pública hacia las subvenciones alimenta en las entidades de acción social un hábito de dependencia de las subvenciones que no las estimula a elaborar estrategias de búsqueda de financiación privada y favorece a las entidades que se desenvuelven con mayor virtuosismo en el juego de las subvenciones.

Sin embargo, este aumento de la financiación ha propiciado también muchos recelos y no pocas críticas. Las preguntas que están en el aire son el destino de los fondos que gestionan las organizaciones no lucrativas y la efectividad real de su actividad. Muchas de esas objeciones ponen el acento en el hecho de que el principal reto que tienen estas organizaciones es la transparencia en la gestión de sus fondos y en el destino de los mismos.

Consideran que los poderes públicos deberían ser más eficaces en el control de estas entidades y se pone de manifiesto lo ridículo que puede parecer el hecho de que una organización privada sea la que se esté dedicando a realizar análisis periódicos de conducta sobre principios de transparencia y buenas prácticas de aquellas ONG que voluntariamente se someten a tal juicio.
Bien es cierto que muchas de las organizaciones del tercer sector social como la CONGDE (Coordinadora de ONG para el desarrollo) se han otorgado un código de conducta como medida de autorregulación en diferentes campos [2] , entre ellos en la transparencia y rendición de cuentas, que se constituye muchas veces como requisito obligatorio para todas las organizaciones que se agrupan bajo esta organización paraguas, pero esto no deja de ser una iniciativa aislada que no se ha extendido al conjunto del sector.

Y es que se da la paradoja de que las ONG administran unos recursos que proceden directamente de los gobiernos, en su gran mayoría, y no existe un control exhaustivo del destino de los mismos. La administración sólo exige que se realicen auditorias financieras, pero no entran a evaluar lo que realmente se hace con el dinero que facilitan a las ONG. Desde diferentes entornos se demanda la realización de auditorias de gestión, que evalúen el impacto real en los colectivos de los proyectos que se ponen en marcha con esos fondos, a fin de contrastar que se han utilizado correctamente los mismos y que se han conseguido los objetivos que perseguía el proyecto.

En el mencionado estudio de Pérez Díaz y López Novo (2003) se pone de manifiesto que las grandes ONG destinan entre el 14% y el 25% a mantener sus propias estructuras y algunas superan con creces estos porcentajes. Por su parte, en las entidades de ayuda social el dinero que asociaciones y fundaciones dedican a la actividad para la que han surgido no supera el 47% del gasto. Con estas cifras se corre el riesgo de que las organizaciones que nacieron para ayudar, pueden terminar viviendo de la ayuda.

Otra corriente crítica en lo referente al origen de los fondos que gestionan las entidades no lucrativas es la que aboga por que estas organizaciones se autofinancien para blindar su independencia real de las administraciones, al menos en un 51% en sus presupuestos y obtener así un grado de transferencia neta de los recursos que reciben de al menos el 60% para los beneficiarios de sus acciones. Bajar de estos umbrales mínimos de exigencia puede desvirtuar a todas luces el modelo, generando a buen seguro burocracias en detrimento de los objetivos sociales, dando como consecuencia la ineficiencia y en el peor escenario la corrupción.

Asimismo, se debería incentivar a las entidades de acción social a que desplieguen un mayor activismo en el flanco de la financiación privada, fomentando los programas orientados a la cofinanciación pública y privada, porque no parece oportuno que el sector esté cautivo de una financiación que llegue por la vía del privilegio y de la discrecionalidad de los poderes públicos, como apunta José Luís García Delgado (2004b: 222). La financiación desde las administraciones públicas ha condicionado la identidad del tercer sector al identificarlo con colectivos, en sus estrategias por conseguir recursos públicos.

Por lo tanto, el tema de la independencia sigue siendo el gran caballo de batalla para estas organizaciones, ya que como hemos explicado más arriba la mayoría de los fondos con los que cuentan provienen de los propios gobiernos, que produce un efecto perverso en relación a su autonomía. Así en palabras de Francisco Rey Marcos[3], investigador del Instituto de Estudios sobre conflictos y acción humanitaria (IECAH) respecto a la independencia de las ONG:
” Es necesaria independencia institucional, pero también económica, en el análisis que hacen de los problemas, en sus diagnósticos, en la elaboración de su misión (…). Y no nos engañemos, la autonomía económica sigue siendo un requisito básico para la independencia”.

Y continúa:
“sería interesante que las ONG pudieran actuar de forma autónoma y partiendo de su propia reflexión y no mediatizadas por los otros dos sectores, sin duda mucho más poderosos”. (Rey Marcos, 2007).

Desde nuestro punto de vista, consideramos que si se hicieran las mencionadas auditorias de gestión y si se hicieran públicas, se obtendría una imagen de transparencia que favorecería mucho la percepción y la reputación del sector, y sin duda se mejoraría la confianza hacia el mismo por parte de la opinión pública.

5. LA ESTRATEGIA DE COMUNICACIÓN DEL TERCER SECTOR NO LUCRATIVO
A lo largo del presente epígrafe se analizan los motivos de la falta de planeamiento estratégico en la implantación de políticas de comunicación efectivas en el seno del tercer sector y se explicitan las razones que demuestran la necesidad de mejorar en este campo.

La gestión de la comunicación en las organizaciones del tercer sector no lucrativo, a tenor de los estudios y trabajos realizados hasta el momento, no parece ser el punto fuerte de su actividad, y esto es así porque no tienen diseñada una estrategia de comunicación que transmita de manera coherente la misión de la organización a sus diferentes públicos de interés.

Los motivos que se apuntan responden a un amplio abanico de razones. En primer lugar, las ONG carecen de los recursos técnicos y humanos adecuados debido a una deficiente organización interna y falta de profesionales en el ámbito de la comunicación en el seno de estas entidades. De hecho, en la mayoría de los casos los departamentos de comunicación se reducen a funcionar como gabinete de prensa o relaciones con los medios, pero no existe un plan de comunicación estratégico escrito explícito. Por otro lado, también se percibe una falta de discurso coherente y consensuado por parte de la directiva de estas organizaciones y sus portavoces.

Consecuentemente, se produce una falsa proyección de la identidad de la ONG y una deficiente construcción de su imagen corporativa y de su reputación. Esto repercute directamente en una mala gestión de la marca de las ONG. De hecho la opinión pública agrupa entidades bajo la denominación general de ONG, pero no conocen que significa realmente ese término. Salvo las grandes ONG, tipo ONCE, Cáritas; Cruz Roja, etc.

Por otro lado, no existe un mapa de posicionamiento claro para las ONG en la mente del gran público, por lo que el nombre particular se diluye en el genérico. En pocas palabras, lo meten todo “en el mismo saco”. Esto hace que dicha denominación proyecte a cada una de ellas tanto la imagen positiva como negativa. Así la percepción generalizada es que la ONG como marca es admirada, pero individualmente genera desconfianza.

Otro de los motivos que ha propiciado esa mala gestión de la comunicación es el hecho de que el objetivo de la mayoría de las campañas de comunicación de las ONG ha sido conseguir financiación para desarrollar sus proyectos y potenciar su independencia, focalizándose en la mayoría de los casos en el fundraising, desatendiendo en mi opinión, los mensajes fundamentados en los resultados, o en el impacto real de la actividad. No es de extrañar por tanto, que sólo atraigan la atención de los medios de comunicación cuando hay una catástrofe o algún escándalo en el que estén implicados asociaciones u ONG. Y es que a pesar de que los grandes medios de comunicación han creado secciones específicas para el sector no lucrativo, las ONG por lo general no aprovechan como deberían esas ventanas hacia el exterior.

Según un estudio realizado por Ballesteros sobre la publicidad en prensa de las ONGD: «La publicidad realizada por las ONGD españolas en el trienio 1998-2000 podría considerarse una publicidad basada en la apelación a los sentimientos, a la sensibilidad del ciudadano, pues utiliza imágenes y palabras con gran contenido emocional.» (Ballesteros, 2002a:190). Asimismo, en un 60% de los anuncios estudiados, la única colaboración que solicitan las ONGD era monetaria, y en un 23% de los casos coincidía con que se había producido una catástrofe natural (Ballesteros, 2002b:114).

Según Herranz de la Casa, los prejuicios que existen en las ONG para no dedicar esfuerzos, recursos y tiempo a la comunicación son estos:

• La gestión de la comunicación es sólo un gasto y no una inversión.
• Gestionar la comunicación es caro porque se asocia sólo con la publicidad.
• La comunicación es poco rentable porque es difícil de cuantificar sus resultados.
• La comunicación se limita a editar una revista para el trabajador o socios que, en muchos casos, apenas se lee.
• La gestión de la comunicación precisa de abundantes recursos humanos y financieros.
• La formación en comunicación no es necesaria, todas las personas saben comunicarse. (Herranz de la Casa, 2006a: 109)

Coincidimos con este autor en que estas falsas ideas provocan la escasa utilización de los recursos comunicativos por parte de las organizaciones, como muestran los datos, y provoca que la estrategia de comunicación esté todavía en un punto muy incipiente en estas organizaciones.

Según esta misma investigación, sólo un 31,7% de las organizaciones realiza campañas de comunicación externa regularmente. En este sentido, destacan en negativo las fundaciones - un 37% no ha realizado ninguna campaña -, mientras sobresalen con un 35% las asociaciones empresariales que desarrollan campañas con una mayor regularidad. En referencia a los medios de comunicación utilizados, las asociaciones empresariales se sirven sobre todo de la prensa especializada para hacer actividad de lobby y de los eventos (seminarios, ferias y congresos sectoriales, etc.) para difundir sus actividades entre sus socios actuales y potenciales. Sin embargo, y a diferencia del resto de las ONG, el objetivo de su comunicación es fundamentalmente influir en el gobierno y en la sociedad. (Herranz de la Casa, 2006b: 109)

Las entidades más pequeñas, por no tener un departamento de comunicación, muchas veces ni se lo plantean y el acceso a estos medios normalmente lo acaparan las grandes ONG y particularmente las de cooperación internacional que cuentan con departamentos profesionales de marketing y comunicación.

Pero, ¿por qué es tan necesaria una adecuada gestión de la comunicación en el ámbito del tercer sector social?

Las ONG necesitan comunicar fundamentalmente para dar a conocer a la sociedad los proyectos que llevan a cabo, para obtener colaboraciones y captar donantes, simpatizantes, voluntarios y socios, pero también para sensibilizar sobre los auténticos problemas del mundo actual (derechos humanos, medio ambiente, marginación…) a la opinión pública y a las distintas Administraciones. Los colectivos en riesgo de exclusión (discapacitados, inmigrantes, sin techo, etc) pueden considerarse como los principales beneficiarios de las campañas de comunicación del tercer sector, que permiten visibilizarlos en una sociedad en donde cada vez tiene menos cabida lo que no es acorde con los cánones de estética y de entretenimiento, ampliamente establecidos.

También la comunicación interna es muy necesaria, pues genera alta dosis de motivación al permitir la participación de las personas involucradas en la organización. No hay que olvidar que para lograr esto, ha de ser coherente con la comunicación que realice la entidad para captar voluntariado u otros recursos como los financieros. Debe reflejar y ser fiel con los valores de la entidad al tratar con sus beneficiarios. Y así, en cada una de las áreas de la entidad no lucrativa, la comunicación interna se muestra como un elemento clave para lograr la sintonía y conexión precisa entre los distintos equipos de trabajo. Esta es la esencia transversal de la comunicación interna en el tercer sector porque permite también llegar a personas con ganas de involucrarse en una causa de forma desinteresada y voluntaria: el voluntariado es parte esencial del sector no lucrativo y está en el origen mismo de la mayoría de iniciativas desarrolladas a lo largo de la historia de este sector.

La comunicación que generan las organizaciones también informa y presiona a las administraciones públicas para generar cambios legislativos necesarios. A través de la incidencia política, las organizaciones consiguen la creación de espacios de diálogo con diferentes actores sociales, y ayudan a la generación de un discurso transformador de la sociedad. Como se puede deducir, en todos estos procesos de comunicación, las nuevas tecnologías adquieren un peso específico nada desdeñable, como herramienta que garantiza la efectividad de la comunicación del tercer sector con sus diferentes públicos, a fin de alcanzar a un cada día colectivo más amplio derivado de la globalización que se está experimentando a pasos agigantados.

Así mismo, no debemos obviar que las organizaciones del tercer sector son las principales interesadas en demostrar que su labor es eficiente y responde a unos estándares éticos, y para ello la mejor herramienta que tienen a su alcance es la comunicación a fin de poder mostrarse transparentes ante sus grupos de interés. Como afirma Herranz de la Casa “la transparencia es el camino que permitirá a los ciudadanos reconocer la legitimidad del trabajo que realizan las ONG y la comunicación se puede convertir en el mejor elemento generador y transmisor de credibilidad. La comunicación corporativa es la herramienta estratégica que hace de la comunicación, un acto planificado y coherente para mostrar transparencia, ganar confianza y consolidar reputación” (Herranz de la Casa, 2006).

Estamos convencidos de que sólo a través de una adecuada gestión de la comunicación en las ONG se podrá rendir cuentas eficazmente y se ganará en la transparencia del sector. Cuando decimos adecuada gestión de la comunicación nos estamos refiriendo al hecho de que es necesaria la realización de planificación estratégica de la comunicación en estas entidades, utilizando el enfoque multistakesholder, es decir implementando planes de comunicación diferenciados dirigidos segmentadamente a cada uno de ellos.

Las organizaciones del tercer sector, a diferencia de las organizaciones empresariales, no tienen como objetivo final generar beneficios económicos. Su objetivo por el contrario pivota en una misión mucho más trascendente: conseguir hacer de este mundo, un mundo mejor, una sociedad mejor a través de su intervención, como un agente de transformación social. Y es que gracias a la comunicación, personas que antes desconocían la actividad de las ONG, se motivan respecto a sus causas, y ayudan a conseguir el cambio social por el que trabaja la organización.

Desde esta filosofía del cambio social, las organizaciones del tercer sector informan y sensibilizan a la sociedad sobre aquellas cuestiones que consideran necesario promover o cambiar y trabajan duramente diariamente asumiendo su responsabilidad como agente de transformación y mejora social. Para ello, no cabe duda que es básico ser capaces de comunicarse con la sociedad en la que interactúan, desarrollando campañas de comunicación de manera segmentada hacia cada uno de sus públicos de interés. La comunicación por tanto es la clave para alcanzar el nivel de legitimación ante la sociedad que necesita el tercer sector de acción social, al objeto de obtener el apoyo económico de las distintas Administraciones, el sector privado y la opinión pública.
La comunicación es, de esta manera, una parte esencial de estas organizaciones porque está ligada a su propia razón para existir. Así, por ejemplo, mientras las empresas comunican para existir (vender más), las entidades sin ánimo de lucro existen para comunicar (por una sociedad mejor).[1] (Vidal, 2005).

Una excelente manera de definir el objeto de la comunicación del tercer sector social es la que realiza el profesor Carlos Soria (2005) refiriéndose a las relaciones públicas, pudiéndose afirmar que el objeto propio de la comunicación del tercer sector social es “lograr un entendimiento entre las organizaciones y sus públicos, a través de la información de sus fines y de las actuaciones que se están llevando a cabo en el entorno social. El resultado que se intenta es crear un estado de opinión favorable a la organización”.

No cabe duda de que la evolución hacia la cultura de la comunicación es un reto global para el tercer sector, transversal a todas las entidades independientemente de su tamaño o ámbito de actuación.

El papel de la comunicación en la gestión de estas organizaciones es clave para trasladar de una manera eficiente y transparente la actividad que realizan. Lograr la visibilización de lo que se hace o capturar fondos no debe ser el único objetivo. La comunicación debe entenderse como una actitud transversal en toda la organización para construir una imagen de confianza y construir una buena reputación que este sector obtenga la legitimidad que se merece, por eso es importante la planificación estratégica de las campañas de comunicación para huir de planteamientos cortoplacistas en acciones de comunicación destinadas exclusivamente a la captación de fondos o cuando se producen determinadas catástrofes.

6. CONCLUSIONES
Las entidades del tercer sector de acción social dependen del apoyo social que reciban para conseguir recursos económicos y humanos (voluntarios), por un lado, y legitimidad y confianza para desarrollar sus proyectos con los colectivos beneficiarios de su actividad, por otro. Esta confianza social es muy frágil y muy sensible a la percepción y a la opinión que se tenga de la actividad de las entidades del tercer sector, siendo muy difícil conseguirla y al mismo tiempo, muy fácil perderla.

En España hasta ahora, las organizaciones no lucrativas gozaban de una relevancia, un poder sutil, una confianza y una influencia cada vez mayor a la hora de promover iniciativas y sensibilizar a los poderes públicos, a las empresas y a los ciudadanos sobre temas como el medio ambiente, la cooperación o los derechos humanos. No en balde en los diferentes índices de confianza que se publican regularmente, en general, las organizaciones sin ánimo de lucro obtienen unos valores que demuestran un alto grado de confianza social y aparecen con puntuaciones más altas superando con creces a las administraciones públicas y a las empresas.

Sin embargo, poco a poco están perdiendo esa aureola de «confianza» y credibilidad que tenían. Entre las razones que han llevado a esta nueva situación, numerosos autores apuntan su cercanía a empresas y gobiernos que hacen cuestionar su independencia; los recientes y numerosos escándalos, abusos o malas prácticas que aparecen en los medios de comunicación, y en tercer lugar, sigue siendo un sector del que se desconocen datos y magnitudes reales que permitan conocer cuántas son, cuántos socios tienen, qué presupuesto manejan, etc.

El principal problema es que existe una falta de planeamiento estratégico en la comunicación, y se actúa por impulsos, a golpe de catástrofe, solicitando fondos para ayuda humanitaria. Los equipos de gestión hasta el momento no se han ocupado de establecer estrategias segmentadas de comunicación hacia los distintos públicos de interés de las entidades. Por otro lado, en los procesos comunicativos que se implementan en la actualidad, se percibe una escasa comunicación interna de las entidades del tercer sector, produciéndose descoordinación de mensajes entre el público interno de las organizaciones. En la mayoría de los casos hay nula inversión en los procesos comunicativos hacia el exterior. Sólo se hace comunicación para capturar fondos, no para construir una imagen de transparencia, lo cual repercute a largo plazo en la reputación de las organizaciones, pero también del sector en su conjunto.

No obstante, aunque las campañas de comunicación que se realizan se focalizan en la captación de fondos, esto no tiene por qué ser incompatible con otros fines más loables, siempre y cuando los mensajes no sean confusos. La coexistencia de diferentes objetivos en las estrategias de comunicación del sector, no tiene por qué ser un inconveniente para que las campañas se fundamenten en valores éticos y solidarios. La identidad del sector, su imagen social y su prestigio como fortaleza podrían estar en juego.

A lo largo de este artículo hemos dejado patente que el tercer sector de acción social tiene un problema de falta de transparencia. Esta falta de transparencia genera una imagen negativa del tercer sector de acción social, que da como resultado una pérdida de confianza en la gestión que realizan y en el destino de los recursos que utilizan las ONG. Todo ello puede repercutir en la pérdida de recursos económicos para desarrollar los proyectos de las entidades del tercer sector.

Por ello, una rendición de cuentas transparente del tercer sector, es el gran pilar para el mantenimiento de la reputación del sector, configurándose la comunicación como la piedra angular sobre la que se fundamenta el futuro del sector. Sin embargo, la dificultad estriba en el hecho de que dentro del tercer sector social existe un deficiente enfoque del concepto “rendición de cuentas”, lo cual coadyuva a esa falta de transparencia. De hecho, muchas organizaciones entienden la rendición de cuentas con un mero mecanismo de transmisión de información para cumplir la ley, sin tomar en consideración las demandas de información que puedan tener los diferentes públicos de interés o stakeholders de las entidades del sector no lucrativo.

Y por si esto fuera poco se demuestra que los procesos de gestión en las entidades del tercer sector social no facilitan la transparencia. Las auditorias financieras no son suficientes como instrumento para la transparencia y sólo las grandes ONG realizan auditorías de gestión. Tampoco aporta mucho a la mejora de la transparencia, el hecho de que por parte de la Administración no se tenga disponible o no se faciliten estadísticas actualizadas y estudios concretos y exhaustivos acerca del tercer sector social, lo cual genera desconfianza y desconocimiento sobre su dimensión real y el peso específico que tiene en la economía española.

Por otra parte, otro de los grandes retos a los que se enfrenta el sector es descubrir cuáles son los problemas que actualmente impiden que el tercer sector sea percibido de manera positiva por sus stakeholders y no cuente con el mismo nivel de relevancia que el sector público y el privado, para abordar una estrategia de comunicación eficaz que posibilite alcanzar la legitimación que le corresponde. Está contrastado que existe un porcentaje importante de personas de la opinión pública que desconocen, confunden y perciben a las organizaciones del tercer sector con una serie de atributos estereotipados o sesgados fruto de una falta de comunicación adecuada o una comunicación parcial difundida a través de los medios de comunicación. De hecho, la transparencia de la información que facilitan las ONG sobre el uso de los fondos, es uno de los principales escollos para reconquistar la confianza de la opinión pública en estas entidades. Del mismo modo, la propia autoimagen del sector, aun siendo positiva, no deja de ser crítica ni está exenta de preocupación, debido principalmente a la desconfianza que pueden provocar las crisis, la opacidad, la ineficacia o el cuestionamiento de la labor que desarrollan.

La cercanía a las empresas y a los gobiernos favorece la distorsión de la imagen que transmiten estas entidades lo que está intoxicando en gran medida la imagen de independencia del sector, ya que se percibe una fuerte dependencia económica de las administraciones. Así mismo, aunque se demanda una mayor profesionalización en la gestión de las entidades del tercer sector, se produce un elemento perverso en el mismo hecho, ya que esta misma profesionalización está derivando en que las ONG se identifiquen con el mundo mercantilista de las empresas.

Además, las frecuentes luchas de poder internas están saliendo a luz, dando la impresión de que los dirigentes no se dedican a trabajar por los objetivos humanitarios que movieron a los fundadores de las ONG, sino que sólo persiguen perpetuarse en el poder, utilizando estas entidades como un mero instrumento de enriquecimiento personal.

Por su parte, los medios de comunicación, dotados de gran capacidad de trascender a todas las capas de la sociedad, con posibilidad de crear, reforzar o moldear las opiniones y juicios de valor de las personas, han centrado su foco en este tipo de entidades y monitorizan su actividad con mirada cautelosa y crítica, a pesar de la valoración que todos comparten por el potencial de sus organizaciones. Es evidente que han contribuido significativamente a situar al tercer sector en el lugar que ocupa en la actualidad y esto puede deberse al creciente interés que las organizaciones que lo componen tienen en el marketing y la publicidad como instrumentos para obtener un mayor alcance de su visibilidad social. Por otro lado, la necesidad de luchar por los fondos privados, precipita la búsqueda de estrategias que les permitan llegar a más gente y aumentar de este modo las fuentes de financiación. El hecho de querer conseguir ese aumento de visibilidad de cara a la sociedad, así como las causas que éstas persiguen, parece haberse convertido en un objetivo prioritario. Su presencia en los medios se convierte cada día en una misión esencial.

Pero esto no es óbice para reconocer que la importancia de los medios de comunicación en el proceso es capital. No se nos escapa el hecho de que la confianza que los públicos depositen en las entidades del tercer sector, depende en buena medida de la imagen que transmitan los medios, por lo tanto, es un indicador de vital importancia para la supervivencia y repercusión social de las mismas la presencia que exista en los medios por parte de las entidades y las causas del tercer sector. Pero no bajemos la guardia, ya que se corre el riesgo de que la imagen que se transmite a través de los medios de comunicación puede quedar reducida al ámbito de lo curioso o lo anecdótico, cuando no del tremendismo o la «pornografía humanitaria», según lo han calificado algunas voces críticas para referirse a la fórmula de sacudir las conciencias y promover campañas de apoyo económico a determinados proyectos.

Como conclusión final me gustaría destacar que se hace necesaria una reflexión y debate en el seno del propio sector para analizar, en la práctica, las motivaciones y los recursos con los que cuentan las entidades para diseñar y desarrollar políticas de comunicación externa y sobre el deber o el compromiso del tercer sector de acción social para evitar que a la sociedad se proyecten realidades falsas, distorsionadas o excesivamente superficiales. Para ello, el sector debe trabajar a favor de identificar un modelo coherente de comunicación externa, criterios y mecanismos para tender hacia él y propuestas concretas también para aplicar en la comunicación interna, ya que ello redundaría en un buen desarrollo de la imagen. Entendida como un eje transversal, pues, la comunicación haría parte de una cultura organizativa renovada, obteniendo una valoración y profesionalización adecuada.